Culiacán, Sinaloa.– Lo que parecía una sesión de trámite en el Congreso del Estado de Sinaloa terminó centrando la atención en un gesto político inesperado. Yeraldine Bonilla, diputada del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), fue reelecta como presidenta de la Mesa Directiva, tal como lo habían acordado previamente las fracciones parlamentarias. Sin embargo, la reelección quedó en segundo plano frente a la postura del diputado de Morena, Serapio Vargas.
Mientras que la mayoría de los legisladores avalaron sin mayor sobresalto la continuidad de Bonilla, con excepción de los votos en contra de las priistas Paola Gárate e Irma Moreno, Serapio Vargas optó por una ruta distinta. En el momento de la votación decidió abandonar el pleno y no participar, como una señal de inconformidad hacia un proceso que él considera cuestionable.
El legislador morenista, identificado con la Cuarta Transformación, ha expresado en distintas ocasiones su rechazo a la reelección, pese a ser él mismo un diputado reelecto. En esta ocasión, fiel a ese argumento, tomó distancia de lo que describió como una decisión meramente acordada en las cúpulas políticas. Su acción fue vista como un acto de congruencia, al sostener públicamente lo que otros diputados reconocieron en privado, pero que no se atrevieron a reflejar en la votación.
La protesta de Vargas resaltó aún más porque, según versiones de pasillo, varios legisladores de diferentes bancadas expresaron su descontento con la continuidad de Bonilla, pero terminaron respaldando los acuerdos previamente pactados. En contraste, Vargas decidió asumir las consecuencias de su postura y marcar diferencia en un pleno donde el 90% dijo no estar conforme, aunque finalmente votó a favor.
Con esta actitud, el diputado morenista, a quien en ocasiones se le señala de polémico o irreverente, se colocó como el personaje central de la jornada legislativa, pues su gesto evidenció que las decisiones en el Congreso no siempre reflejan el ánimo real de los legisladores.
La sesión, que ratificó a Yeraldine Bonilla al frente de la Mesa Directiva, cerró con la formalidad de los acuerdos cumplidos, pero dejó en el aire la lectura política de un Serapio Vargas que prefirió apartarse y mostrar rebeldía, marcando con ello un contraste frente a una mayoría disciplinada.

