La Reforma Electoral pa que no gane nadie más que los mismos

La Reforma Electoral pa que no gane nadie más que los mismos

Mira compa en México cuando alguien dice “vamos a hacer reforma electoral” uno no piensa en democracia ni en participación ni en fortalecer al ciudadano. Uno piensa en lo que de veras pasa que andan arreglando el tablero pa que no haya sustos en la próxima elección.

Porque aquí las reformas electorales nunca nacen del pueblo. Nacen de algún político que amaneció viendo encuestas y dijo “oigan esto no me está favoreciendo y si cambiamos las reglas”. Y ahí van todos detrás muy serios muy institucionales como si estuvieran escribiendo la Constitución desde cero cuando en realidad andan asegurándose que nadie les mueva la silla.

Ahora traen la novedad de quitar plurinominales. Ah que bonito cuento. Según ellos es para ahorrar. Sí como no. La austeridad en México es como la dieta de enero dura lo que tarda el político en ver una oportunidad.

Quitar pluris no es ahorro. Es una maniobra fina pa acomodar el poder pero presentada como si fuera un acto heroico democrático. Cuando les conviene los pluris son indispensables. Cuando no les sirven salen a decir que son un gasto inútil. Más claro ni el caldo.

Luego viene lo del financiamiento. Dicen que van a recortar que van a moralizar el gasto que ya no habrá derroches. Sí como no. El único gasto que de verdad recortan en este país es el del ciudadano porque la clase política siempre encuentra cómo seguir cobrando sin sufrir. La democracia mexicana no es cara. Caros son los que la administran.

Pero lo más sabroso de todo esto ni siquiera está en los discursos. Está en la pasarela que traen Morena PVEM y PT esos que salen muy agarrados muy sonrientes muy “somos un gran equipo” cuando todos sabemos que atrás andan negociando hasta la sombra. Una cosa es la alianza y otra cosa es la repartición de los premios.

Ahí están con la calculadora en mano diciendo “si tú me das estos distritos te doy estas posiciones si apoyas esta parte yo te acomodo acá si te haces el que no vio esto yo me hago el que no vio aquello”. Diplomacia de la buena pues.

Y mientras ellos ordenan el menú el ciudadano nomás está viendo esperando que con suerte dejen aunque sea las sobras. Pero ni eso aseguran.

La reforma electoral en México es esa tradición que nadie pidió pero todos padecemos. Cada sexenio le meten mano la mueven la rascan la soban la reforman la “transforman”. Y siempre queda igual diseñada para servir al que gobierna no al que vota.

Luego salen muy orgullosos diciendo que hicieron historia como si hubieran inventado un sistema político nuevo. No viejo. Hacer historia sería darle poder real al ciudadano. Pero eso jamás lo van a proponer porque el día que el ciudadano mande de verdad muchos se quedan sin chamba.

Y lo más delicioso es que venden esta reforma como si fuera para mejorar la representación del pueblo. Sí cómo no. Porque cuando uno revisa la letra chiquita lo único que representa es el deseo de que los mismos sigan decidiendo sin contratiempos.

Aquí funciona sencillo. Si el sistema electoral está flojo lo aprietan. Si está apretado lo aflojan. Si está complicado lo simplifican. Si está simple lo hacen un enredo otra vez. Todo dependiendo de quién va ganando ese día.

Y lo mejor es cómo lo dicen. Hablan de democracia transparencia futuro. Pero uno sabe que mientras hablan de futuro lo único que quieren asegurar es su próximo periodo su próximo puesto su próxima foto y su próximo cheque.

Y todavía se sorprenden cuando la gente ya no les cree.

La verdad la reforma electoral es como cuando te dicen que ahora sí va a cambiar el país. Lo dicen con tanta seguridad que hasta uno mismo se ríe solo.

Pero bueno la vida sigue los discursos continúan las reformas van y vienen y el pueblo sigue esperando que un día aunque sea por accidente hagan algo que lo beneficie.

Mientras tanto esta reforma es exactamente lo que parece. Una acomodada muy fina disfrazada de justicia democrática para que los mismos sigan jugando con ventaja sin que nos demos cuenta.

Y el que lo dude nomás que vea quién está escribiendo las reglas y quién se beneficia de ellas.

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