El inicio del receso en el Congreso Local este primero de febrero no debe interpretarse como una pausa en la actividad política, sino como la apertura de una ventana de oportunidad estratégica de sesenta días para la reorganización profunda del pensamiento y la acción. En la lógica de la ciencia política contemporánea, el tiempo legislativo es finito, pero el tiempo político es permanente. Por ello, estos dos meses representan el espacio idóneo para convocar a una plenaria de alto nivel que logre lo que Sartori consideraba la esencia de un partido fuerte: la transformación de una estructura dispersa en un sistema de interacción perfectamente aceitado. No se trata solo de una reunión de trámite; estamos ante la posibilidad de articular un frente común donde converjan los diputados locales, los regidores de los veinte municipios, el Comité Directivo Estatal y la totalidad de los comités municipales del PRI en Sinaloa. Es el momento de trazar una agenda que sea, al mismo tiempo, técnicamente impecable y políticamente potente.
La fuerza de un partido político en la oposición reside en su capacidad para hablar al unísono. Desde Choixhasta Escuinapa, la expresión del PRI en los cabildos y en la máxima tribuna del Estado debe ser una sola, blindada contra la ocurrencia y el protagonismo aislado. La plenaria que hoy se proyecta tiene como fin último identificar las propuestas legislativas y municipales que definirán el carácter del partido en el próximo periodo. Como señalaba Sartori, un partido que no logra la cohesión interna es presa fácil de la atomización, perdiendo su capacidad de ser un interlocutor válido ante la ciudadanía. Al unificar la táctica y el timing político en los veinte municipios, el partido no solo proyecta fuerza, sino que ofrece a los sinaloenses una propuesta política seria, inteligente y, sobre todo, institucional. Un partido cohesionado es un partido que no puede ser ignorado por el poder ejecutivo ni por las mayorías circunstanciales.
Este esfuerzo de alineación debe tomar como modelo la firmeza y la claridad mostrada en la reciente plenaria nacional por Alejandro Moreno. La instrucción es clara: resistir con argumentos, criticar con propuestas y construir desde el territorio. Al replicar este modelo en lo local, el PRI en Sinaloa asegura que su agenda no sea un conjunto de ocurrencias locales, sino un eslabón fundamental de un proyecto nacional de nación. La plenaria de estos dos meses debe servir para dotar a cada regidor y a cada diputado de los elementos técnicos necesarios para defender el patrimonio institucional que el partido ha construido. Un partido con argumentos sólidos es un partido invencible en el debate de ideas; un partido con estrategia y carácter es la única alternativa real frente a la improvisación que hoy asfixia a los municipios y gobierno Estatal.
Finalmente, la relevancia de este ejercicio radica en la profesionalización de la política. El receso legislativo es el laboratorio donde se diseñan las batallas que se darán en el próximo periodo ordinario y en las sesiones de cabildo. Al integrar la visión de los veinte comités municipales, el partido garantiza que su agenda política tenga un pulso real y territorial, evitando el aislamiento de las cúpulas. En última instancia, la plenaria es el acto que define la identidad del partido ante la sociedad: una propuesta potente que combina la experiencia de gobierno con la energía de una militancia que sabe que el orden, el método y la disciplina son las únicas rutas hacia el ejercicio efectivo a favor de Sinaloa .

