El hundimiento que terminó cobrando una vida no fue una sorpresa. Existían reportes desde agosto de 2025. Existía conocimiento del riesgo. Existía la posibilidad de actuar.
Pero no se actuó.
Mientras el socavón crecía, el gobierno municipal decidió aplicar más de 180 millones de pesos en otras obras que consideró prioritarias. Obras que quizá lucen, que quizá se inauguran… pero que no salvaron una vida.
Gobernar no es sólo administrar recursos. Gobernar es saber anticiparse. Es entender que el mantenimiento invisible muchas veces es más importante que la obra visible.
Hoy el caso está bajo investigación. Se habla de posibles omisiones. Se revisan responsabilidades. Pero más allá de lo legal, hay algo que la ciudadanía ya juzga: la capacidad de un gobierno para proteger a su gente.
Porque cuando un riesgo se conoce y se posterga, deja de ser un accidente. Se convierte en una decisión.
El socavón de Guasave deja una pregunta que no se tapa con concreto:

¿Qué pesa más en la política… la seguridad ciudadana o la rentabilidad política de las obras?
La respuesta marcará no sólo el destino de una administración, sino la memoria colectiva de una ciudad que hoy exige algo más que explicaciones.
Exige responsabilidad.

