Sinaloa 2027: la elección que puede romperse desde dentro. …. Por: Jesús Alfonso Durán 

Sinaloa 2027: la elección que puede romperse desde dentro. …. Por: Jesús Alfonso Durán 

Por ahora todo es especulación, pero en política las señales importan. Y lo que hoy se observa rumbo a 2027 en Sinaloa no es precisamente un escenario de cohesión, sino de tensiones internas que podrían derivar en una elección atípica, abierta y altamente competida.

El guion más lógico apunta a una contienda de bloques: Morena, PT y Verde por un lado; PRI y PAN por otro; con Movimiento Ciudadano apostando por la vía solitaria y el PAS jugando, como siempre, el papel de bisagra. Bajo esa lógica, la ventaja parece inclinarse hacia la coalición de la llamada Cuarta Transformación, no tanto por sus candidatos, sino por el peso de la marca y el control territorial que hoy detenta el gobierno estatal encabezado por Rubén Rocha Moya.

Sin embargo, hay otro escenario que comienza a asomarse —menos ordenado, pero más realista—: el de la fragmentación. Los “golpeteos” internos en Morena, las aspiraciones cruzadas y la disputa por la candidatura podrían romper la alianza antes de que siquiera llegue a formalizarse. Si eso ocurre, la elección dejaría de ser una competencia de bloques para convertirse en una batalla de todos contra todos.

Imaginemos ese escenario: Morena con Imelda Castro; el PT impulsando a Gerardo Vargas Landeros; el Verde apostando por Juan de Dios Gámez Mendívil; el PRI con Paloma Sánchez; el PAN con Roxana Rubio; y Movimiento Ciudadano con un perfil ciudadano. En ese tablero, el voto se pulveriza, las estructuras se dividen y el triunfo deja de depender de mayorías amplias para definirse en márgenes mínimos, incluso cercanos al 30 por ciento.

En ese contexto, el papel del Partido Sinaloense se vuelve determinante. Más que acompañar, podría decidir. Su capacidad de movilización y su lectura pragmática lo colocan como el actor que podría inclinar la balanza hacia cualquiera de los frentes o incluso negociar su propio espacio de poder en medio del caos.

La gran pregunta es si a Morena le alcanzaría con su emblema. La experiencia reciente sugiere que la marca es potente, pero no invencible. Sin unidad, pierde su principal fortaleza: la suma de estructuras, liderazgos y narrativa. Dividida, la 4T no solo se debilita, se vuelve vulnerable frente a una oposición que, aun sin gran crecimiento, podría capitalizar la dispersión del voto.

Tampoco es menor el papel del llamado “rochismo”. El grupo político en el poder estatal tiene control, operación y presencia, pero enfrenta un dilema: apostar por un proyecto propio o garantizar la continuidad a través de la unidad. Impulsar una candidatura fuera del consenso —como podría ser la de Gámez Mendívil— implicaría un riesgo alto si no cuenta con el respaldo pleno de Morena.

En este tablero, la figura de la presidenta Claudia Sheinbaum será clave. Su capacidad para ordenar, conciliar y definir candidaturas podría evitar una ruptura que, de concretarse, cambiaría por completo el rumbo de la elección en Sinaloa.

Al final, más allá de nombres, la elección de 2027 no se jugará únicamente en las urnas, sino en las mesas de negociación previas. Si la 4T logra procesar sus diferencias, llegará con ventaja clara. Si no, abrirá la puerta a una de las contiendas más cerradas e impredecibles en la historia reciente del estado.

Porque en política, a veces no gana el más fuerte… sino el que llega unido.

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *