RICARDO MADRID, UN POLÍTICO AFORTUNADO “EL TÁBANO” … Por Ismael Checa Landeros.

RICARDO MADRID, UN POLÍTICO AFORTUNADO “EL TÁBANO” … Por Ismael Checa Landeros.

En la política, como en la vida, no todo es talento ni todo es esfuerzo; hay un factor que muchos no reconocen en público, pero que en corto se acepta sin titubeos, la suerte. Recuerdo bien una conversación de hace años con el licenciado Roberto Zavala Echavarría, quien en una charla con jóvenes interesados en abrirnos camino en la política nos dejó una lección que con el tiempo cobra más sentido. Nos dijo, con una franqueza poco común, que existen políticos con suerte y otros que simplemente no la tienen.

Aquel día, poniéndose como ejemplo, nos confesó algo que a muchos nos sorprendió; desde que recibió su primera oportunidad en el servicio público, no había pasado un solo día sin trabajo. Antes de concluir una responsabilidad, ya tenía otra en puerta. Lo atribuía, decía él, en parte a su capacidad, pero en gran medida a la fortuna. Y remataba con una frase que se me quedó grabada; “en política, estar en el momento correcto es tan importante como estar preparado”.

Traigo a colación esa anécdota porque encaja bien con el caso de Ricardo Madrid, un político que, a sus 43 años, ha construido una trayectoria que no puede explicarse únicamente por el azar, pero que tampoco puede desligarse de ese ingrediente que algunos llaman destino. Su carrera ha sido constante, ascendente y, sobre todo, oportuna.

Ricardo Madrid inició desde abajo, en el círculo cercano del poder estatal, en los tiempos del gobernador Jesús Aguilar Padilla. Como muchos, comenzó haciendo trabajo operativo, aprendiendo los códigos no escritos de la política. Posteriormente se le vinculó con el grupo de Jesús Vizcarra, lo que le permitió seguir escalando posiciones dentro del servicio público.

Su consolidación llegó durante el gobierno de Quirino Ordaz Coppel, donde se desempeñó como secretario particular del gobernador, una posición clave que, aunque discreta, coloca a quien la ocupa en el centro de las decisiones. Ese cargo no solo le dio cercanía con el poder, también le permitió construir relaciones, entender la operación política y afinar su perfil.

Cuando Quirino Ordaz fue designado embajador en España, Ricardo Madrid encontró una nueva oportunidad; asumió como diputado local en Sinaloa, llegando incluso a presidir la Mesa Directiva. Ahí demostró capacidad política, pero también algo que en estos tiempos resulta determinante, la habilidad de adaptarse a los nuevos equilibrios de poder.

Porque hay que decirlo sin rodeos; siendo identificado con el PRI, supo transitar hacia una relación funcional con el nuevo gobierno morenista. Esa lectura le permitió no quedar fuera del tablero. Y en política, mantenerse vigente ya es una victoria.

Posteriormente, su carrera dio el salto al ámbito federal como diputado por el Partido Verde, aliado de la llamada Cuarta Transformación. Hoy, además, es dirigente estatal de ese partido en Sinaloa, desde donde ha impulsado una estrategia de crecimiento territorial que, hay que reconocerlo, le ha dado resultados.

Ha recorrido el estado, ha conformado estructuras en los 20 municipios y le ha inyectado dinamismo a un partido que durante años fue marginal en la entidad. Hoy el Verde no solo tiene presencia, también tiene interlocución. Y eso, en buena medida, es resultado de su operación política.

Ricardo Madrid ha sabido rodearse de un equipo que le permite mantenerse activo, visible y en constante movimiento. Su estilo es práctico, sin estridencias, pero efectivo. No es un político de discursos incendiarios, sino de construcción gradual.

Con ese cúmulo de experiencia administrativa y política, no resulta extraño que su nombre empiece a mencionarse en las conversaciones sobre el futuro político de Sinaloa. En los tiempos que corren, donde la 4T define candidaturas bajo sus propias reglas, aparecer en el radar nacional ya es un logro en sí mismo.

Y es ahí donde vuelve la idea inicial; la suerte. Porque sí, Ricardo Madrid ha tenido oportunidades, pero también ha sabido aprovecharlas. Ha estado en el lugar correcto, en el momento indicado, y con la disposición para jugar el juego político como se debe.

Como dirían en el rancho, “ya se le vio el anca al pollo”. Está en la jugada. Y en política, estar en la jugada es la mitad del camino.

La otra mitad, como siempre, la definirá el tiempo, las circunstancias y, por supuesto, esa mezcla caprichosa de capacidad y fortuna que marca el destino de los políticos.

P.D. Nos vemos en la próxima entrega.

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