La encuesta que presentó Claudia Sheinbaum Pardo confirma algo que prácticamente cualquiera con dos dedos de frente entiende: sí, Morena probablemente volvería a ganar una elección nacional en este momento. Pero el problema empieza cuando desde el poder quieren vender esa ventaja como si fuera producto de un amor eterno e incondicional del pueblo mexicano hacia el gobierno. Ahí es donde comienza la mentira disfrazada de estadística.
Porque no nos confundamos.
Morena no está arriba únicamente porque tenga al país enamorado. Morena está arriba porque enfrente no hay absolutamente nada sólido. Porque la oposición tradicional se volvió un chiste caro, una caricatura política incapaz de conectar con la ciudadanía. El PRI quedó reducido a ruinas morales y políticas. El PAN vive atrapado entre sus pleitos internos y su desconexión social. Y Movimiento Ciudadano sigue creyendo que las campañas de marketing sustituyen estructura, liderazgo y calle.
Ese es el verdadero escenario político del país.
Pero de ahí a salir con encuestas donde pareciera que México vive en Suiza, donde todo mundo sonríe, donde no hay miedo, donde no hay violencia y donde el gobierno tiene niveles casi divinos de aprobación… bueno, eso ya raya entre la propaganda y el autoengaño.
Y en Sinaloa eso se nota todavía más.
Porque aquí la realidad no se mide en encuestas telefónicas ni en gráficas bonitas presentadas desde Palacio Nacional. Aquí la realidad se mide en el miedo con el que vive mucha gente. En el silencio que se siente en las noches. En los negocios golpeados. En las carreteras vacías a ciertas horas. En las familias que aprendieron a vivir entre rumores, incertidumbre y hechos violentos que ya ni sorprenden porque tristemente se volvieron paisaje cotidiano.
Ese es el verdadero termómetro social, no las láminas de PowerPoint del gobierno.
Y ojo, tampoco se trata de negar la realidad electoral. Claro que Morena sigue teniendo fuerza. Claro que siguen teniendo estructura, dinero, operación territorial y programas sociales que les dan un músculo político enorme. Negarlo sería ridículo. Pero una cosa es reconocer que tienen ventaja y otra tragarse el cuento de que la gente vive fascinada con lo que está ocurriendo.
Porque la verdad incómoda es otra.
Muchos siguen votando por Morena no porque estén felices, sino porque enfrente no encuentran alternativa. Porque la oposición les da más desconfianza todavía. Porque la gente está cansada de los mismos apellidos, los mismos grupos y los mismos oportunistas reciclados que hoy quieren regresar disfrazados de salvadores.
Esa es la tragedia política del país.
Y mientras tanto Morena comete el peor error que puede cometer cualquier movimiento que llega al poder: empezar a creerse su propia propaganda.
Porque hoy ya se sienten intocables. Hoy ya actúan como aquellos que tanto criticaban. Hoy ya viven enamorados de las encuestas, de la cargada, de la simulación y del culto político a la figura presidencial. Exactamente igual que el viejo PRI… solo que con diferente color.
Y en Sinaloa eso ya comenzó a generar un desgaste brutal.
Porque mientras el estado atraviesa una de las etapas más tensas y delicadas de los últimos años, muchos personajes de Morena andan más preocupados por la sucesión, por las candidaturas y por sus campañas adelantadas que por resolver el desastre real que vive la ciudadanía.
Todos andan placeándose.
Todos andan operando.
Todos andan formando grupos.
Todos andan midiéndose.
Todos andan pegando espectaculares disfrazados de “informes”.
Todos quieren ser candidatos.
Todos se sienten favoritos.
Mientras tanto el ciudadano común sigue esperando seguridad, estabilidad y un gobierno que realmente parezca tener control de la situación.
Pero además hay algo todavía más delicado: el divorcio entre el discurso oficial y lo que vive la calle ya comienza a ser demasiado evidente.
Porque cualquier persona que salga tantito de la burbuja política sabe perfectamente que esos números no reflejan el humor social real. Y ahí les va un reto sencillo.
Vamos a hacer algo más honesto que todas esas encuestas maquilladas.
Vamos a cualquier restaurante, café, parada de camión, mercado, colonia popular o comunidad rural de Sinaloa y preguntémosle a cien personas cómo sienten realmente al país. Preguntémosles si viven tranquilos. Si sienten que la situación mejoró. Si tienen confianza en el futuro. Si creen que el gobierno tiene control. Si sienten seguridad para sus hijos. Si creen que las cosas están tan maravillosas como dicen las encuestas oficiales.
Pero hagámoslo sin operadores políticos.
Sin servidores de la nación.
Sin estructuras.
Sin presión.
Sin acarreados.
Sin miedo de hablar.
Y si la encuesta sale igualita a como la presume el gobierno federal, entonces hasta uno se afilia a Morena ahí mismo entre risas y aplausos.
Porque una cosa es la narrativa del poder y otra muy distinta el ánimo real de la sociedad.
Y cuidado, porque históricamente todos los gobiernos comienzan a caer cuando dejan de escuchar la realidad y empiezan a escuchar únicamente los aplausos de su propia burbuja.
Eso le pasó al PRI.
Eso le pasó al PAN.
Y parece que Morena va caminando exactamente hacia el mismo lugar.
Porque cuando un movimiento se convence de que el pueblo lo ama incondicionalmente, deja de corregir errores. Deja de escuchar críticas. Deja de sentir el desgaste. Y comienza a vivir encerrado en un mundo ficticio donde todo está bien aunque afuera el país se esté incendiando.
Y quizá lo más peligroso para Morena no sea la oposición, porque sinceramente hoy la oposición da pena ajena.
Quizá el verdadero peligro para Morena sea el exceso de soberbia.
Porque el poder cuando se siente eterno siempre termina cometiendo el mismo error: creer que las encuestas sustituyen la realidad.
Y en estados como Sinaloa, la realidad hace mucho tiempo que dejó de coincidir con el discurso oficial.

