MC olvidó a Sergio Torres… y ahí empezó el problema

MC olvidó a Sergio Torres… y ahí empezó el problema

Miren nada más lo que terminó pasando.
Lo que debía ser el gran evento de relanzamiento de Movimiento Ciudadano en Sinaloa terminó convertido en algo mucho más incómodo. Porque lejos de verse como una demostración de unidad y fortaleza, acabó dejando una sensación rara, fría y hasta calculada. Un evento donde algunos parecían más preocupados por repartirse el futuro del partido que por reconocer a quien realmente lo sostuvo cuando nadie apostaba por él. Sí, a Sergio Torres.
Y antes de entrarle de lleno al asunto naranja, hay que entender algo. La gente ya está cansada de todos los partidos políticos.
Del PRI, porque durante décadas gobernó como si el estado fuera propiedad privada de una élite política. Dejaron estructura, sí, pero también dejaron corrupción, abusos, privilegios y generaciones enteras acostumbradas al compadrazgo.
Del PAN, porque cuando finalmente tuvieron la oportunidad de demostrar que eran distintos, terminaron pareciéndose demasiado a aquello que criticaban. Mucho discurso de cambio y muy poca cercanía con la gente común.
Del PRD, pues prácticamente desapareció solo. Se perdió entre pleitos internos, grupos y dirigentes alejados de la realidad.
¿Y Morena? Bueno, Morena terminó decepcionando a muchísima gente porque prometió una transformación total y en muchos lugares acabó cayendo en varios de los mismos vicios que tanto criticaba. En Sinaloa, además, la inseguridad, la incertidumbre y el desgaste social terminaron golpeando muy fuerte la percepción ciudadana. El gran problema de Morena fue creer que el discurso podía tapar la realidad. Y la realidad siempre termina alcanzando a todos los gobiernos.
Por eso Movimiento Ciudadano tenía una oportunidad enorme. Porque la gente sí estaba buscando otra opción. Pero parece que MC decidió cometer uno de los errores más viejos y más peligrosos de la política mexicana. El malagradecimiento.
Porque más allá de las fotos, los discursos motivacionales y las sonrisas del evento naranja, hubo algo que llamó muchísimo la atención. El silencio absoluto hacia Sergio Torres.
Ni una palabra.
Ni un reconocimiento.
Ni siquiera el clásico mensaje político de cortesía para quien prácticamente levantó al partido en Sinaloa cuando MC era una fuerza pequeña, limitada y sin gran presencia estatal.
Y eso no pasó desapercibido.
Porque guste o no guste, Sergio Torres fue quien sostuvo el proyecto naranja durante años. Fue quien caminó municipios, quien construyó estructura, quien aguantó críticas, quien puso la cara en los momentos complicados y quien convirtió a Movimiento Ciudadano en un partido competitivo en Sinaloa.
Muchos de los que hoy aparecen en primera fila llegaron cuando el camino ya estaba medio pavimentado.
Y ahí está precisamente el problema.
Que ahora algunos quieren actuar como si el partido hubiera nacido solo. Como si MC hubiera aparecido mágicamente del aire. Como si las campañas, la estructura y el crecimiento político se hubieran construido por generación espontánea.
Y no.
La realidad es muchísimo más incómoda que eso.
Porque dentro de Movimiento Ciudadano en Sinaloa siempre existieron grupos, diferencias y jaloneos internos. Eso tampoco es secreto. Desde hace tiempo era evidente que había quienes querían sacar a Sergio Torres del control político del partido.
Maynes quería otra etapa.
El Pío Esquer esperaba espacio para asumir la dirigencia.
Y varios personajes locales entendieron rápidamente hacia dónde se estaba moviendo el poder nacional.
Hasta ahí, bueno, es política.
El problema fue la forma tan fría y tan evidente con la que intentaron manejar el relevo. Porque una cosa es reorganizar un partido y otra muy distinta actuar como si quien construyó gran parte del proyecto ya no mereciera ni siquiera ser mencionado.
Y ahí fue donde el evento se cayó.
Porque en política los silencios pesan muchísimo. Y el silencio hacia Sergio Torres gritó más fuerte que cualquier discurso del evento.
Sobre todo porque mucha gente dentro del propio MC sabe perfectamente todo lo que Sergio aguantó para mantener vivo el partido. Derrotas, ataques, momentos donde parecía que el movimiento naranja simplemente no levantaba y aun así él seguía operando, caminando y sosteniendo la estructura.
Por eso tanta gente sintió raro el evento.
Porque no parecía renovación.
Parecía operación cicatriz mal hecha.
Parecía más un intento desesperado por reducir políticamente a Sergio Torres que una verdadera celebración de unidad.
Y ahí varios quedaron muy mal parados.
Sobre todo quienes crecieron políticamente gracias a esa estructura y ahora parecen más interesados en agradar a la dirigencia nacional que en respetar la historia reciente del partido en Sinaloa.
Porque en política todavía existen códigos. Y uno de esos códigos es la lealtad.
La gente podrá perdonar errores, derrotas y hasta cambios de grupo político, pero rara vez perdona el malagradecimiento.
Por eso el evento dejó un sabor tan extraño. Porque mientras querían presumir futuro, exhibieron fracturas. Mientras hablaban de unidad, enseñaron divisiones. Y mientras intentaban demostrar que MC viene fuerte en Sinaloa, terminaron dejando la impresión de que algunos ya empezaron la repartición del partido… aunque para eso tengan que fingir que Sergio Torres nunca estuvo ahí.
Desde la cochera.

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