Quien resulte candidata o candidato de Morena a la gubernatura de Sinaloa enfrentará dos retos fundamentales: deslindarse con claridad del gobierno y de la figura de Rubén Rocha Moya, y convencer a los sinaloenses de que no habrá continuidad.
El problema es que un deslinde auténtico será su mayor prueba. La inconformidad ciudadana es tan profunda que difícilmente bastará un discurso de campaña para convencer a una sociedad que ha vivido, durante años, la violencia, la incertidumbre y el deterioro de las instituciones.
Además, los candidatos de oposición llegarán con un amplio arsenal de señalamientos y denuncias sustentadas, tanto sobre el desempeño del gobierno estatal como de numerosos gobiernos municipales emanados de Morena. Ahí radica el verdadero dilema para el partido guinda: salir en defensa de Rocha para proteger su legado y conservar el voto duro, o competir aceptando el desgaste del gobierno, marcar una sana distancia e, incluso, comprometerse a investigar y castigar posibles actos de corrupción. Hasta ahora, esa última posibilidad parece lejana.
El sentir de los sinaloenses obligará a todos los candidatos, y particularmente a los opositores, a construir un discurso orientado, por un lado, a cuestionar el desastre que deja este gobierno y, por otro, a presentar un verdadero proyecto de reconstrucción y emergencia para enfrentar la profunda crisis en la que el rochismo sumió al estado.
Sin embargo, hasta ahora, la mayoría de los aspirantes de Morena que formalizaron su registro prefirió la omisión. Evitaron hablar de Rocha y se refugiaron en el mismo discurso de siempre: la defensa de la soberanía, la no injerencia extranjera, la derecha y Estados Unidos. Un sonsonete ideológico que poco o nada tiene que ver con la realidad que viven diariamente los sinaloenses.
¿Qué relación tiene la “defensa de la soberanía” con los asesinatos que se registran todos los días en Sinaloa? ¿Qué tiene que ver ese discurso patriotero con la falta de medicamentos, el alto costo de la canasta básica, el desempleo, la caída de la inversión, la extorsión, la falta de obra pública o la corrupción que hoy padecen miles de ciudadanos como consecuencia de la inseguridad? Nada. Absolutamente nada.
Y, sin embargo, buena parte de los aspirantes morenistas insiste en repetir esa narrativa porque representa el mejor argumento para defender a Rubén Rocha. Según esa versión, el gobernador con licencia no solo es inocente, sino víctima de un complot orquestado por Estados Unidos, aliado con la derecha y la ultraderecha mexicanas, para apoderarse del país.
Bajo esa lógica, la crisis de Sinaloa no tendría nada que ver con la presunta llegada de Rocha al poder con el respaldo del crimen organizado, ni con un eventual reparto del gobierno con grupos criminales, ni con la corrupción, ni con la ausencia de inversiones, ni con el colapso de la seguridad pública. Nada de eso existiría.
Por el contrario, habría que creer que Rubén Rocha ha sido el mejor gobernador que ha tenido Sinaloa; que dejó grandes obras, una administración honesta y transparente, funcionarios probos y eficientes, y un estado donde reinan el progreso, la paz, el trabajo y la alegría. Casi un paraíso.
Lo demás, según esa narrativa, sería una invención de los opositores, de la derecha y de los gringos.
¿Ese será también el discurso de quien termine siendo candidato o candidata de Morena a la gubernatura? ¿O habrá alguien dentro de los aspirantes dispuesto a romper esa narrativa, asumir la realidad y tomar distancia de un gobierno cuyo desgaste podría convertirse en el principal lastre electoral de 2027? Tal vez haya al menos uno o dos. Luego lo analizaremos.
Por lo pronto, durante el registro del pasado sábado, la mayoría de los aspirantes dejó la impresión de que no cuestionar a Rocha puede facilitarles la candidatura. Tal vez creen sinceramente en él y que aún tiene influencia, decisión y poder político. O quizá todavía le tienen miedo. O esperan mejores tiempos y en el fondo le agradecen a los gringos las acusaciones, aunque de los dientes para fuera sigan gritando “soberanía y no injerencia”. Solo que en verdad el pueblo es muy sabio. Más sabio de lo que algunos morenistas se imaginan.

