¿Morir también se volvió un lujo? …. EL TÁBANO Por Ismael Checa Landeros

¿Morir también se volvió un lujo? …. EL TÁBANO Por Ismael Checa Landeros

La muerte es el único destino que todos compartimos. Nadie escapa a ella. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar que, además del dolor que deja la partida de un ser querido, también existe otra realidad de la que casi nadie quiere hablar: lo caro que resulta morir en México.

Cuando una familia pierde a uno de los suyos, el golpe emocional ya es suficientemente duro. Pero casi de inmediato aparece otro problema igual de angustiante: conseguir el dinero para darle una despedida digna. Es ahí donde muchas familias descubren que el duelo también tiene un precio.

Basta revisar algunos costos. Una gaveta con su construcción puede rondar los 15 mil pesos; un ataúd difícilmente baja de los 18 mil; los trámites obligatorios, como certificados y permisos sanitarios, representan varios miles de pesos más. Si la velación se realiza en casa, hay que sumar la renta de sillas, carpas, mamparas, café, agua, alimentos para quienes acompañan a la familia, el traslado al panteón y, en muchos casos, el pago de la rezadora. Al final, la cuenta fácilmente rebasa lo que muchas familias pueden reunir de un día para otro.

Pero el problema no termina cuando concluye el sepelio.

Ahí comienza otro viacrucis, menos visible, pero igual de desgastante. Hay que acudir al Registro Civil, cancelar contratos de agua, energía eléctrica y predial, revisar cuentas bancarias, seguros, pensiones y, sobre todo, verificar si la persona dejó testamento.

Y es precisamente en ese momento cuando muchas familias, además del dolor, descubren que también heredaron problemas.

Cuando no existe un testamento, los bienes quedan sujetos a un procedimiento sucesorio que suele ser largo, costoso y, en no pocas ocasiones, termina dividiendo a los propios hermanos. Lo que alguna vez fue una familia unida puede convertirse en una batalla de abogados, documentos y resentimientos. Hay pleitos que duran años y relaciones familiares que jamás vuelven a reconstruirse.

La muerte debería unir a las familias en el recuerdo de quien se fue. Desgraciadamente, muchas veces termina enfrentándolas por lo que dejó.

Por eso resulta importante hablar de la previsión. Elaborar un testamento no es un lujo; es un acto de responsabilidad. Contratar un paquete funerario cuando todavía se tiene salud tampoco significa ser pesimista, sino evitar que quienes más queremos enfrenten gastos inesperados justo cuando atraviesan el momento más difícil de sus vidas.

Es cierto que esos planes también implican un desembolso e incluso cuotas de mantenimiento en algunos parques funerarios. Pero casi siempre representan un costo mucho menor que resolver todo de manera improvisada.

La muerte seguirá siendo inevitable. Lo que sí podemos evitar es dejarles a nuestros hijos, a nuestra esposa o a nuestros padres una herencia de pleitos, trámites interminables y deudas que nunca esperaban asumir.

Porque, nos guste o no reconocerlo, en estos tiempos morir ya no sólo duele… también cuesta. Y cuesta mucho.

P. D. Nos vemos en la próxima entrega.

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