El próximo 25 de julio se cumplirán dos años de uno de los días más oscuros, sospechosos y políticamente inexplicables en la historia reciente de Sinaloa: el secuestro o extracción de Ismael “El Mayo” Zambada, el asesinato de Héctor Melesio Cuén y la misteriosa salida del entonces gobernador Rubén Rocha Moya rumbo a Los Ángeles, en un vuelo privado, justo cuando al día siguiente estaría en Sinaloa el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador.
Hay, entre otras, una pregunta central: ¿a quién se le ocurre abandonar el estado, con una agenda presidencial enfrente, el mismo día en que ocurre una operación de impacto internacional y es asesinado un adversario político de primer nivel?
Rocha dijo que viajó a ver a un sobrino. Pero ahí empieza el problema. ¿Qué sobrino? ¿Dónde está el testimonio de esa visita? ¿Dónde están las fotos, los videos, las imágenes familiares, la constancia pública de un encuentro tan importante como para justificar que un gobernador se fuera en avión privado a Estados Unidos y regresara el mismo día?
Una cosa es mostrar una bitácora de vuelo o un registro de arribo de la aeronave. Otra muy distinta es transparentar los pasaportes vigentes y sellados de los pasajeros. Y el pasaporte sellado de Rocha, públicamente, nunca se mostró y, por lo mismo, se generaron aún más dudas. ¿Y la FGR qué ha hecho?
El argumento oficial fue simple: “yo no estaba en Sinaloa”. Pero el verdadero fondo es otro: ¿por qué no estaba? ¿Por qué precisamente ese día? ¿Por qué en un vuelo privado? ¿Por qué para una visita familiar relámpago? ¿Por qué sin evidencias visuales de la supuesta visita? ¿Por qué cuando El Mayo lo menciona como parte de la reunión de Huertos del Pedregal?
Según la carta difundida por el abogado de Zambada, El Mayo acudió a Huertos del Pedregal porque supuestamente iba a mediar diferencias entre Rocha y Cuén, y la cita estaba prevista alrededor de las 11:00 de la mañana del 25 de julio de 2024. Ese mismo día, Rocha salió de Culiacán en un Learjet 45 rumbo a Los Ángeles, en un vuelo privado documentado por la prensa.
Después vino lo más grave: la Fiscalía de Sinaloa sostuvo inicialmente que Cuén había sido asesinado en una gasolinera, pero la FGR echó abajo esa versión al señalar que el homicidio ocurrió en Huertos del Pedregal, el mismo sitio ligado al secuestro de El Mayo. También se reportaron indicios hemáticos de Cuén en la finca y la descalificación del video presentado localmente. Pero, además, al exrector lo cremaron apresuradamente, violentando las normas más elementales de la necropsia de ley que la propia Fiscalía local no respetó.
Con esos elementos, cualquier gobierno serio habría abierto una investigación profunda. No sólo sobre el asesinato de Cuén o la entrega de El Mayo, sino sobre la conducta política del gobernador: su aparente salida, su destino, sus acompañantes, el avión utilizado, el motivo real del viaje y la cadena de decisiones tomadas antes, durante y después de los hechos.
Pero en México no se investigó a fondo. Se dejó correr la explicación familiar, como si un gobernador pudiera abandonar Sinaloa en medio de una agenda presidencial y de una crisis criminal sin rendir cuentas completas.
Por mucho menos, el gobierno federal ha acusado a adversarios de traición a la patria. Por mucho menos ha pedido juicios políticos, desafueros y linchamientos mediáticos, como en el caso de la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos. Pero con Rocha hubo silencio, protección y cálculo político.
Hoy, con Rocha separado del cargo y señalado desde Estados Unidos por presuntos vínculos con el narcotráfico, aquella salida del 25 de julio dejó de ser una anécdota para convertirse en una una pieza en la investigación de las agencias de seguridad estadounidenses. Lo que México no quiso investigar, Estados Unidos no lo dejó pasar.
El viaje a Los Ángeles no cerró la sospecha. La abrió y, de acuerdo a testimonios, no fue para nada ajeno a lo ocurrido en Huertos del Pedregal.
Y dos años después, la pregunta sigue viva: Aquel día ¿Rocha se fue de Sinaloa por casualidad, por cálculo o porque alguien necesitaba que no estuviera?
Ese viaje no terminó en Los Ángeles porque hoy sigue su ruta volando sobre la historia reciente de Sinaloa y de México. Más bien con ese viaje y lo demás que ocurrió ese 25 de julio de 2024, se inició la terrible guerra que sigue manteniendo a Sinaloa en la incertidumbre, la zozobra y el miedo. También se inició el final político de Rocha quien, a parte de ser solicitado en extradición por Estados Unidos, tuvo que dejar la gubernatura.
Cumplidos los dos meses que marca el convenio de extradición entre México y Estados Unidos, la pregunta que sigue instalada en el imaginario popular es: ¿Y el Rocha, dónde está el Rocha? Pronto se sabrá.

