Dos años después de la extracción o presunto secuestro de Ismael El Mayo Zambada, la presidenta Claudia Sheinbaum vuelve a exigir al gobierno de Estados Unidos que explique con precisión cómo se desarrolló aquella operación que sacudió la relación bilateral y colocó a México frente a una de las mayores interrogantes sobre su soberanía. La exigencia es legítima. Lo que ya no resulta tan claro es la contradicción con la que se sostiene.
Mientras la Presidenta reclama transparencia a Washington, en México se reserva por cinco años información relacionada con los expedientes del exgobernador Rubén Rocha Moya y del senador Enrique Inzunza. El argumento oficial es que hacer públicos esos documentos podría afectar la relación bilateral con Estados Unidos “al menoscabar las relaciones de confianza”. ¿Y para la FGR también están sellados?
Es decir, el mismo gobierno que exige conocer la verdad mantiene bajo llave una parte de ella.
La contradicción es evidente porque directa o indirectamente a Rubén Rocha Moya se le involucra en los hechos de Huertos del Pedregal. Y porque Estados Unidos, bajo las declaraciones de El Mayo, mantiene información valiosa al respecto. Si la transparencia entonces fortalece la soberanía nacional, debería aplicarse el mismo principio para los archivos que guarda Washington y para los expedientes que desde ayer permanecen reservados en México.
El problema ya no consiste únicamente en saber cómo sacaron al Mayo del país. El tema de fondo es que, dos años después, el Estado mexicano continúa formulando las mismas preguntas.
En su defensa, Claudia Sheinbaum sostiene que su gobierno no mantiene vínculos con el crimen organizado y dirige sus señalamientos hacia los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón. Y ahí introduce la prueba de su piñata favorita: Genaro García Luna. Sin embargo, evita referirse al periodo de Enrique Peña Nieto y, sobre todo, al de Andrés Manuel López Obrador, bajo cuyo gobierno ocurrió precisamente la extracción de Ismael Zambada. Ese dato no puede omitirse.
El sexenio de López Obrador concluyó con el mayor número absoluto de homicidios dolosos registrados en la historia reciente del país. También estuvo marcado por la estrategia de “abrazos, no balazos”, una política que el gobierno defendió como una vía para atender las causas de la violencia, pero que sus críticos interpretaron como un mensaje de permisividad hacia las organizaciones criminales. La percepción pública terminó convirtiéndose en un enorme costo político que hoy se traduce en desgaste del régimen.
Mientras tanto, desde Palacio Nacional se presentan cifras optimistas sobre Sinaloa. Pero fuera de la conferencia mañanera persiste otra realidad: homicidios, desapariciones, cierre de empresas, pérdida de empleos, miedo cotidiano y una economía severamente golpeada por la violencia. Son dos narrativas que difícilmente logran encontrarse.
El caso del Mayo dejó de ser únicamente el secuestro o extracción de un narcotraficante. Se convirtió en la condición de un Estado obligado a responder preguntas que siguen abiertas. No sólo que le exija a Estados Unidos, sino que antes responda a las de sus ciudadanos: ¿Y dónde está la inteligencia que presumen?.¿No hubo capacidad para detectar la operación, la llegada y salida de una aeronave, no en la sierra, sino en la periferia de una ciudad, cerca, muy cerca del aeropuerto internacional de Culiacán? Luego de dos años ¿no tiene el Estado Mexicano la idea más elemental de quién organizó realmente la operación? ¿Quién la permitió? ¿Quién fue informado? ¿Quién calló? ¿Y por qué, 24 meses después, México continúa esperando respuestas de Estados Unidos mientras reserva las propias? ¿Podríamos creer en tanta incapacidad, inocencia o candidez?
La soberanía no se defiende únicamente exigiendo explicaciones al extranjero. También se defiende con transparencia hacia los propios ciudadanos. . Porque la verdad no puede reclamarse en Washington mientras se omite o se sella en México. Habría qué imaginar que se dice de Rocha e Inzunza en esos documentos como para que el gobierno de Claudia Sheimbaum haya decidido reservarlos. Ya se sabrá.

