Hay declaraciones que pasan de noche y hay otras que, por el peso de quien las pronuncia, obligan a prender las alertas. La que hizo Graciela Domínguez pertenece a este segundo grupo. Acusar que uno de los aspirantes a la Coordinación de la Defensa de la Transformación en Sinaloa está pagando encuestas para favorecer su imagen no es un señalamiento menor. Es una acusación grave que Morena no puede dejar en el aire.
Sinaloa no vive un momento político cualquiera. Morena gobierna el estado, mantiene una amplia ventaja electoral y, precisamente por eso, tendría que ser mucho más cuidadoso en la forma en que conduce su proceso interno. Quien piense que la fortaleza del movimiento alcanza para resistir cualquier error, simplemente no está leyendo el momento político.
La dirigencia nacional fue muy clara cuando emitió las reglas. Les pidió a todos los aspirantes evitar campañas negras, no despilfarrar recursos económicos y privilegiar la unidad. Incluso les exigió comprometerse a respetar, sin regateos, el resultado de la encuesta que definirá al coordinador estatal. El mensaje era sencillo: competir sí, pero sin poner en riesgo al movimiento.
Por eso la denuncia de Graciela Domínguez cobra relevancia.
Si realmente existe un aspirante que está invirtiendo fuertes cantidades de dinero para inundar de encuestas las redes sociales y los medios de comunicación, entonces alguien decidió romper las reglas que todos aceptaron. Y si no existen pruebas suficientes, también sería importante aclararlo para evitar que una acusación de ese tamaño siga alimentando sospechas.
Lo peor que le puede pasar a Morena es llegar dividido al arranque del proceso constitucional. La historia política de México está llena de partidos que no fueron derrotados por la oposición, sino por sus propias fracturas internas.
Aquí también surge otra pregunta inevitable. ¿Dónde está la dirigencia estatal de Morena?
Hasta ahora ha dado la impresión de mantenerse como simple espectadora, cuando su responsabilidad debería ser cuidar que el proceso transcurra con orden, piso parejo y respeto entre quienes participan. No basta con observar cómo crece la tensión. También hay momentos en los que se necesita autoridad política para evitar que los conflictos escalen.
Es cierto, a la denuncia de Graciela Domínguez le faltó ponerle nombre y apellido. Eso habría evitado especulaciones. Sin embargo, el solo hecho de afirmar públicamente que alguien está comprando posicionamiento mediante encuestas ya representa un problema político para Morena. El silencio institucional tampoco ayuda.
Quien resulte coordinador necesitará que los demás acepten el resultado con legitimidad. Si desde ahora comienzan las dudas sobre la equidad del proceso, la operación cicatriz será mucho más complicada.
¿Le alcanza esto a la oposición para ganar Sinaloa en 2027? Todavía es muy temprano para afirmarlo. Morena sigue siendo una fuerza política muy competitiva. Pero una cosa sí parece clara. Cada conflicto interno que no se resuelve representa una oportunidad que la oposición difícilmente dejará pasar.

