El olor a tierra mojada y las pequeñas cosas de la vida. EL TÁBANO…  Por Ismael Checa Landeros.

El olor a tierra mojada y las pequeñas cosas de la vida. EL TÁBANO…  Por Ismael Checa Landeros.

Hace unos días salí a la terraza de mi casa. Quizá usted no me lo va a creer, pero tenía tal vez años que no salía simplemente a sentarme a tomar un café. Fue el momento en que me detuve un poco en la rutina. A veces, entre tanto ajetreo, no nos detenemos ni siquiera un ratito a reflexionar o a agradecer a Dios, o a la vida, el simple hecho de estar aquí.

Acababa de lloviznar y corría un viento fresco. De repente, llegó a mi olfato un aroma que me transportó de inmediato a mi infancia y a mi juventud en mi querido pueblo de San Lorenzo. ¡El olor a tierra mojada! Algo tan simple, pero al mismo tiempo tan rico y tan cargado de nostalgia.

Y justamente de ahí nace mi reflexión. Son las pequeñas cosas de esta vida las que realmente nos hacen sentir felices en medio del estrés, de los problemas y de la incertidumbre.

Bendito olor a tierra mojada. En un instante llegaron a mi memoria mi mamá echando las tortillas al comal, los niños corriendo entre los charcos y las señoras apresurándose a recoger la ropa del tendedero porque, incluso antes de que comenzara a llover, ese olor ya anunciaba el chubasco que venía.

La vida está llena de momentos así. Tan cotidianos que muchas veces pasan desapercibidos, pero que, cuando los volvemos a encontrar, nos recuerdan quiénes somos, de dónde venimos y por qué vale la pena seguir caminando.

Aprendamos a disfrutar las pequeñas cosas. Ahí, muchas veces, se esconde la verdadera felicidad.

P. D. Nos vemos en la próxima entrega.

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *