No olviden de dónde vienen EL TÁBANO … Por Ismael Checa Landeros.

No olviden de dónde vienen EL TÁBANO … Por Ismael Checa Landeros.

Las lluvias de estos días no solo han servido para refrescar un poco las tardes. También nos han regalado ese momento que de repente tanta falta hace para detenernos, ver caer el agua, respirar el olor a tierra mojada y dejar que los recuerdos hagan su trabajo. En mi caso, así fue.

Mientras veía llover pensé en los miles de jóvenes que en estos días andan entre inscripciones, exámenes de admisión y graduaciones. Me da gusto saber que, a pesar de las dificultades económicas que viven muchas familias, siempre hay muchachos y muchachas que deciden no rendirse. Jóvenes que entienden que estudiar sigue siendo la mejor herramienta para cambiar su destino y el de los suyos.

Eso siempre será una buena noticia para Sinaloa.

No todos nacen con las mismas oportunidades, pero siempre aparece quien saca la casta. El hijo del campesino, del pescador, del comerciante o del obrero que hace hasta lo imposible por terminar una carrera. Son historias silenciosas que pocas veces ocupan los encabezados, pero que valen mucho más que cualquier discurso de campaña.

No pude evitar recordar cuando llegué a Culiacán para estudiar, con el deseo de salir adelante. La Universidad Autónoma de Sinaloa me abrió las puertas y, junto con ellas, un mundo de oportunidades. Ahí no solamente aprendí. Ahí conocí maestros que dejaron huella, compañeros que aún conservo y principios que terminaron formando mi manera de ver la vida. A la UAS le debo una parte importante de lo que soy.

Y es precisamente ahí donde nace esta reflexión.

Uno nunca debe olvidar de dónde viene.

Los cimientos de una persona no se construyen cuando llega a un cargo público. Se construyen mucho antes, en la familia y en la escuela. Ahí se aprende el valor de la palabra, el respeto, la disciplina, la solidaridad y el compromiso. Esos valores son los que terminan saliendo a flote cuando alguien tiene poder. Porque el poder no cambia a las personas; simplemente revela quiénes son en realidad.

Por desgracia, en la política abundan los casos de quienes padecen amnesia. Apenas ocupan una responsabilidad importante y pareciera que olvidan quién les tendió la mano, quién les abrió una puerta o quién creyó en ellos cuando nadie más lo hacía. Se olvidan de sus maestros, de su universidad, de su pueblo, colonia o comunidad y hasta de la gente que los llevó a donde hoy están.

Y esta reflexión llega justo cuando los tiempos políticos se adelantaron. Hoy vemos a hombres y mujeres recorriendo Sinaloa en busca de una coordinación que mañana podría convertirlos en candidatos al Gobierno del Estado.

Por eso, además de escuchar promesas, sonrisas y discursos bien ensayados, los ciudadanos deberíamos hacer una tarea muy sencilla. Investigar quiénes son. De dónde vienen. Cómo se han conducido a lo largo de su vida. Qué causas han defendido cuando no había reflectores. Porque no, no se trata de escarbar vidas ajenas ni de alimentar el morbo. Se trata de saber en manos de quién vamos a poner el futuro de Sinaloa.

Los títulos universitarios adornan un currículum. Los cargos públicos también. Pero el verdadero patrimonio de una persona son sus principios, su congruencia y la manera en que ha respondido cuando ha tenido responsabilidades.

Porque quien olvida sus raíces, tarde o temprano termina perdiendo el rumbo. Y quien no sabe agradecer el lugar donde se formó, difícilmente sabrá responderle al pueblo cuando tenga en sus manos el destino de un estado.

P.D. Nos vemos en la próxima 

entrega.

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