CON ROCHA O SIN ROCHACHISPAZO / Felipe Guerrero Bojórquez

CON ROCHA O SIN ROCHACHISPAZO / Felipe Guerrero Bojórquez

¿Y quién está constitucionalmente al frente de Sinaloa? La pregunta es seria. La respuesta también: nadie. Pero, aun así, la estructura del partido guinda, sostenida por miles de beneficiarios de los programas sociales, sigue intacta y trabajando para conservar el poder.

El estado está a la deriva, pero el poder instalado no. Sigue fuerte, a pesar del repudio hacia el gobernador con licencia Rubén Rocha. Es paradójico: la fortaleza del morenismo en Sinaloa se alimenta de la debilidad de los partidos opositores, de la incapacidad espiritual de sus dirigentes y del vacío cívico de líderes sociales, empresariales y de la sociedad misma.

Lo que vemos no es solo la atomización de los partidos de oposición y de las llamadas organizaciones de la sociedad civil, justo cuando el clamor social reclama su participación, sino una parálisis que se fue calcificando entre la esperanza de un México y un Sinaloa mejores y la creencia de que el régimen nunca llegaría a los extremos que hoy se padecen.

Lo que ocurre en Sinaloa ejemplifica la capacidad de la 4T para penetrar en las expectativas de ciudadanos cansados de los regímenes corruptos del pasado y para afianzar su respaldo mediante apoyos en efectivo que ningún otro gobierno les había entregado. Nadie está en contra de los programas sociales destinados a quienes realmente los necesitan, pero ya se sabe que también son fundamentales para el control electoral, aunque el dinero no alcance para obras, seguridad pública, inversiones o apoyos al desarrollo productivo.

Por eso, regrese Rocha o no, el mecanismo seguirá funcionando con quienes quedaron formalmente al frente del gobierno. La inconformidad social, mientras tanto, se manifiesta sobre todo mediante memes y publicaciones en las redes sociales: expresiones desarticuladas que no logran convertirse en un movimiento a la altura de la indignación de las miles de víctimas de la violencia.

Eso explica por qué el morenismo marca la agenda en Sinaloa. Morena cuenta con una estrategia estructural; la oposición apenas ofrece chispazos individuales. Incluso figuras con influencia entre los sinaloenses, como el diputado Mario Zamora y la diputada Paola Gárate, ven limitada su actuación por el funcionamiento centralista del PRI y por las decisiones de su dirigente nacional, Alejandro Moreno.

Lo mismo ocurre con el dirigente nacional del PAN, Jorge Romero, aferrado a un esquema sin pies ni cabeza en una coyuntura que exige, por encima de todo, unidad. Desde luego, la sospecha se impone.

En Sinaloa no hay nadie que represente al PAN con un rostro de verdadera legitimidad social. Sobran los cartuchos quemados que no se han atrevido a dar la cara ni a fijar posicionamientos serios y firmes contra el régimen, como lo exigen las circunstancias y una buena parte de los sinaloenses.

Los líderes sociales y empresariales, por su parte, se quejan en petit comité de las amenazas y presiones que doblegan la fortaleza cívica que deberían mostrar. El miedo a la represión fiscal, la persecución judicial y la estigmatización los paraliza, sobre todo porque saben que no cuentan con garantías constitucionales. El costo de protestar puede ser alto, pero, si hoy no lo hacen, podrían pasar del arrepentimiento a la necesidad de huir de la tierra que no supieron defender, como algunos ya lo han hecho.

Muchos de los que hoy se muestran agredidos y arrepentidos dieron su aval a un régimen que poco a poco les dio la espalda, hasta llamarlos traidores y vendepatrias ante la más mínima crítica. No es retahíla ni invento: es la realidad de una promesa de desterrar la violencia, la corrupción y la mentira que terminó haciendo todo lo contrario, conculcando la libertad de pensamiento y sometiendo los poderes de la República.

La sociedad sinaloense, los partidos mal llamados de oposición y los líderes sociales y empresariales no están a la altura de sí mismos, salvo contadas excepciones. Incapaces de organizarse, protestar, movilizarse y caminar unidos, prefieren buscar la forma de salvarse, incluso sirviendo al régimen.

Una de esas formas consiste en justificar que cada partido vaya por su cuenta en la próxima contienda electoral, fracturando todavía más el voto. Así de sencillo. ¿A quién benefician, por más saliva que avienten? Al régimen, de eso no hay duda. En esa tesitura se mueven el PAN y Movimiento Ciudadano.

Por eso, si las elecciones fueran este domingo, Morena ganaría en Sinaloa. Si la oposición continúa fracturada, ausente de la agenda pública e incapaz de organizarse, sus candidatos y los líderes empresariales y sociales, que no pasan de la queja y la denuncia en los medios, serían derrotados por una maquinaria guinda que llegará aceitada a la cita electoral de 2027, con Rocha o sin Rocha.

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