Ayer, en Mazatlán, acudí a un desayuno organizado por la agrupación ciudadana, plural y participativa, denominada AMAPA, donde estuvieron como invitados las y los dirigentes del PRI en Sinaloa, lo que me permite ahora hacer una síntesis apretada, y algunas reflexiones, sobre lo que ahí expresaron.
Hubo un tiempo en que el otroro poderoso PRI de Sinaloa, en los últimos años, principalmente desde el 2018, empezó a perder elecciones, a sufrir desbandadas, hasta quedar realmente disminuido. Luego se presentó una circunstancia mucho peor: el de encontrar quién aceptara representarlo y competir. El trauma y el miedo aún se hacían presente. Hasta que desde hace poco más de un año las circunstancias empezaron a cambiar a partir de las denuncias y señalamientos contra el rochismo en Sinaloa.
Lo ocurrido al PRI en los últimos años y lo revelado por su dirigencia estatal resulta más que un dato político. Es el retrato de una época. Liliana Cárdenas, Secretaria General de ese partido, sostiene que en 2021 no enfrentaron únicamente a un adversario electoral, sino a un ambiente dominado por la violencia y el miedo.
César Emiliano Gerardo Lugo, presidente estatal del tricolor, agrega otro elemento igual de revelador: entre 2021 y 2023 prácticamente nadie quería hacerse cargo de los comités municipales del partido porque el miedo seguía instalado en muchas regiones del estado.
Queda claro que cuando un partido no encuentra candidatos o dirigentes por temor, el problema va más allá de lo estrictamente electoral para convertirse en un problema de Estado.
Aquella elección, la del 2021, fue calificada por numerosos opositores como una “narcoelección”. Ese proceso terminó con el triunfo de Rubén Rocha Moya, hoy separado del cargo y señalado por autoridades de Estados Unidos por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa, acusaciones que él ha rechazado.
Independientemente del desenlace jurídico que tenga ese caso, el solo hecho de que el gobernador surgido de aquella elección se encuentre bajo semejante nivel de cuestionamiento internacional obliga a revisar con seriedad lo ocurrido en esos años, a lo que el régimen de la 4T no solo se niega terminantemente sino que, convertido en juez, desde la mañanera, determina que no hay pruebas y que por lo tanto Rocha es inocente.
Por eso las declaraciones de los dirigentes del PRI vertidas ayer en Mazatlán, no pueden observarse únicamente como discurso opositor. Forman parte del expediente político de una etapa que marcó profundamente a Sinaloa.
Lo interesante, de acuerdo a lo expresado por César Emiliano, es que el ánimo parece comenzar a cambiar. Hoy el PRI habla de recorrer nuevamente el territorio, de preparar una ofensiva jurídica contra lo que considera actos anticipados de campaña de Morena y de construir una alianza amplia con la sociedad. También sostiene que cuenta con cuadros competitivos y de arraigo como Mario Zamora, Paloma Sánchez, Paola Gárate, Maribel Chollet, Erika Sánchez, Irma Moreno, Aaron Irízar entre otros, además de numerosos militantes y ciudadanos que todos los días fortalecen la oposición al oficialismo.
Los dirigentes del PRI en Sinaloa y los liderazgos en las regiones, como Maribell Chollet en el sur, piensan que en el ambiente empieza a respirarse algo que hace apenas unos años parecía impensable: la posibilidad real de competir y derrotar electoralmente a Morena. Pero para ello, reconocen, la oposición necesita entender que la división puede convertirse en su peor enemigo.
Por eso les resulta difícil explicar la insistencia del dirigente nacional del PAN, Jorge Romero, en privilegiar una ruta separada precisamente cuando las condiciones parecen favorecer una alianza amplia. La actitude del líder albiazul de frente a un tema central como lo es la unidad para garantizar una verdadera competencia electoral que mine al régimen, inevitablemente alimenta sospechas y abre espacio a toda clase de interpretaciones sobre la relación del panismo nacional con el poder.
El líder estatal del tricolor acusa que Morena ya actúa como si la contienda hubiera comenzado. Y por ello adelanta que en los próximos días su equipo jurídico presentará una demanda, fundamentada y con pruebas, ante las instancias electorales correspondientes. Y es que dice que los aspirantes guindas recorren el estado violentando abiertamente la ley. Lo mismo hace desde la propia conferencia mañanera la presidenta Claudia Sheinbaum, quien exhibe encuestas que presentan a su partido como favorito.
En septiembre, en cambio, el PRI iniciará su proceso interno para definir candidaturas. Y a partir de ello una pregunta importante sería si la oposición estará preparada para ser competencia electoral, aunque lo verdaderamente relevante será conocer si tiene la capacidad para llegar unida a la contienda. Si no es así, hay quienes creen que los partidos opositores perderían la oportunidad histórica de reducir de manera importante el poder de Morena al entregarle en charola de oro la próxima elección. Se va a saber. Y muy pronto.

