Se calentó el menudo… y ahora sí hay con quién jugar

Se calentó el menudo… y ahora sí hay con quién jugar

Pues se calentó el menudo, señores, y ahora sí empiezan a aparecer los que traen cuchara, los que nomás llegaron con hambre y los que todavía creen que por sentarse cerquita de la olla les va a tocar plato. Porque rumbo al 2027 en Sinaloa ya se está terminando aquella etapa maravillosa donde cualquier cabrón levantaba la mano, recorría tres colonias, se tomaba una foto abrazando una señora, pagaba una encuesta que conocían él, su esposa y el que la cobró, y amanecía convertido en “serio aspirante a la gubernatura”. Ya empiezan las cuentas de verdad, esas que quitan calenturas, provocan llamadas y hacen que los dirigentes de los partidos que hace seis meses juraban que jamás caminarían juntos comiencen a descubrir que, después de todo, el amor también puede nacer en una mesa de negociación. Y en el PRI la cuenta comienza a ser bastante sencilla: Mario Zamora ya le sacó la carreta a Paloma Sánchez. No es una sola medición la que lo coloca adelante entre los priistas y en la más reciente de Rubrum la diferencia fue bastante amplia, 59.1 para Mario contra 19.8 de Paloma. Claro que eso no convierte a Mario en candidato ni mucho menos en gobernador, porque las encuestas son fotografías y no actas de mayoría, pero tampoco nos hagamos pendejos: cuando uno aparece treinta o cuarenta puntos arriba del otro, algo está pasando. Y lo que está pasando es que la discusión para Mario comienza a dejar de ser si puede ganarle a Paloma para convertirse en algo mucho más interesante: si puede ser el cabrón alrededor del cual termine sentándose una oposición que durante años ha parecido una familia peleándose por los terrenos del abuelo.

Porque ahí está la verdadera historia. Mario Zamora puede ganar la candidatura del PRI y no pasar absolutamente nada extraordinario. Ya fue candidato en 2021, ya recorrió Sinaloa, ya sabe lo que es perder una elección por la gubernatura y seguramente también sabe que volver a intentarlo con la misma receta sería como recalentar el mismo menudo esperando que ahora sepa a pozole. Su oportunidad no está solamente en volver a ser candidato del PRI; está en dejar de parecer candidato del PRI. Suena contradictorio, pero así es esta chingadera. Si Mario quiere realmente meterle ruido a la elección necesita convertirse en el punto donde puedan encontrarse fuerzas que por separado difícilmente tienen para disputarle el poder a Morena. Y por eso la fotografía con Héctor Melesio Cuén Díaz tiene lectura. No significa que el PAS ya firmó con Mario, ni que exista un acuerdo que podamos dar por hecho, pero tampoco vamos a tragarnos el cuento de que en política las fotografías se publican nomás porque salieron bonitos. Las fotografías son recados. Se suben para que alguien las vea, para medir reacciones, para abrir puertas o para recordarle a otro que también tienes con quién platicar. SOMOS, por su parte, ya se presentó con una definición aliancista y disposición a construir acuerdos con fuerzas opositoras. Así que poco a poco se va dibujando la mesa y falta saber quién se sienta, quién lleva las tortillas y quién termina queriéndose llevar hasta la cazuela.

Ahora, si de verdad queremos entender lo que viene, hay que dejar de mirar solamente a la oposición, porque el centro de esta elección sigue siendo Morena. Todo lo demás gira alrededor de una pregunta que hace un año parecía mucho más sencilla: ¿se le puede competir a Morena en Sinaloa? Y ahí es donde la cosa se pone cabrona. Morena sigue siendo la primera fuerza en mediciones recientes; por ejemplo, Rubrum la ubicó en septiembre con 33.3 por ciento de preferencia partidista, arriba del PRI, PAN, MC y PAS. Entonces cuidado con confundir desgaste con derrota. Morena trae problemas, trae pleitos, trae grupos, trae heridas y carga con el costo político de gobernar un estado que lleva demasiado tiempo viviendo una crisis de seguridad que le ha cambiado la vida a miles de sinaloenses, pero sigue teniendo marca, estructura, programas sociales, organización territorial y, además, ya tiene una figura colocada al frente de su proyecto estatal: Imelda Castro. Ese es un dato que la oposición debería entender antes de empezar a repartirse secretarías imaginarias. Morena puede llegar madreado al 2027 y aun así llegar siendo el rival a vencer. Una cosa es que el carro traiga golpes y otra muy distinta que ya no camine.

Y precisamente por eso Imelda tiene una tarea mucho más cabrona de lo que parece. A ella no le basta con haber quedado al frente del proyecto de Morena. Eso fue apenas pasar la primera caseta. Ahora tiene que manejar un vehículo donde vienen sentados personajes que querían el volante, otros que querían ir de copiloto y varios que, si no les dan candidatura, son capaces de bajarse en movimiento. Morena en Sinaloa no es una familia feliz alrededor de una carne asada. Hay grupos, intereses, presidentes municipales, diputados, senadores, operadores, rochistas, imeldistas, los que ayer estaban con otro y hoy juran que desde niños dormían con una foto de Imelda debajo de la almohada. Y ahí estará una de las claves de 2027. Porque una cosa es que Morena haya definido quién encabeza y otra muy diferente que todos los que perdieron acepten disciplinadamente ir atrás tocando el claxon. Cuando lleguen las candidaturas de Culiacán, Mazatlán, Ahome, Guasave y el resto de los municipios importantes vamos a descubrir cuánto dura la famosa unidad. Mientras todos reciben abrazos hay movimiento; cuando empiezan a repartir candidaturas aparecen milagrosamente los principios, las dignidades y hasta las renuncias.

Pero Morena tiene otra bronca todavía más seria: ya no puede venderse como si acabara de llegar. En 2027 tendrá que pedir nuevamente el voto siendo gobierno y ahí cambia completamente la conversación. Ya no alcanza con decir que los otros son los mismos de antes, porque después de años en el poder Morena también tiene pasado, funcionarios, decisiones, errores, aciertos y cuentas que explicar. En Sinaloa, además, la seguridad será inevitablemente parte central de la conversación electoral. Sergio “Pío” Esquer ya está apostando públicamente a que ese tema produzca un voto de castigo contra Morena; eso es una posición política de MC, no un hecho consumado, y falta ver si realmente se traduce en las urnas. Pero sería una pendejada que Morena creyera que el problema desaparece porque sus adversarios lo utilizan electoralmente. La gente que cerró temprano su negocio, la familia que dejó de salir de noche, el restaurantero que perdió clientes, el padre que habla por teléfono para saber si sus hijos llegaron bien a casa y el ciudadano que aprendió a distinguir una balacera de los cuetes no necesita que un partido le explique cómo se siente la inseguridad. La vive. Y cuando una elección toca fibras de la vida cotidiana, las estructuras partidistas ayudan, pero no necesariamente alcanzan para controlar el humor de la calle.

Ahí es donde Imelda tendrá que demostrar de qué está hecha su candidatura. Si pretende que todo se reduzca a “nosotros somos la 4T y enfrente está el PRIAN”, puede encontrarse con una elección bastante más incómoda de lo previsto. Pero si logra separarse de los costos que no le pertenecen directamente sin romper con su propio movimiento, mantener la estructura de Morena, reconciliar a los grupos que quedaron lastimados y convencer a la gente de que representa una etapa distinta dentro del mismo proyecto, entonces la oposición tendrá enfrente una candidata bastante más complicada de lo que algunos quieren admitir. Ese equilibrio está cabrón: necesita continuidad sin cargar con todas las facturas de la continuidad; necesita cambio sin parecer ruptura; necesita a los rochistas sin convertirse en rehén del rochismo y necesita a quienes no son rochistas sin comenzar una pinche guerra civil dentro de Morena. Ese será su verdadero examen, no las porras de los eventos ni cuántos políticos corran a tomarse la fotografía ahora que ya saben quién quedó adelante.

Y todavía hay otro detalle que debería preocupar a Morena. Las diferencias con sus aliados nacionales también existen. El PT ha expresado inconformidad con procesos de definición de coordinaciones en distintos estados y ha dejado abierta la discusión sobre su ruta rumbo a 2027, aunque eso no significa que en Sinaloa exista ya una ruptura electoral. El Verde también hará sus propias cuentas, porque en política nadie regala votos por bonita gente. Así que mientras enfrente PRI, PAN, PAS, SOMOS y eventualmente MC intentan descubrir si pueden dormir juntos sin quitarse la cobija, Morena tendrá que cuidar que los que ya duermen en su casa no terminen agarrándose a chingazos por el cuarto principal. Esa es la ironía de esta elección: la oposición necesita unirse y Morena necesita no dividirse. Parece lo mismo, pero no lo es. Unos necesitan aprender a sentarse juntos; los otros necesitan evitar levantarse de la mesa.

Y entonces llegamos a Movimiento Ciudadano, que puede convertirse en la pieza más coqueta del baile. Pío Esquer primero puso el freno a las prisas aliancistas y pidió construir estructura y escuchar a la ciudadanía; después dejó abierta la puerta a una eventual negociación si existe un proyecto común y no solamente un reparto de posiciones. Ahí está la moneda en el aire. Si MC decide ir solo, tendrá que definir quién encabeza y Pío naturalmente estará dentro de la conversación política, aunque hoy el partido no ha definido candidatura. Si decide participar en una construcción opositora más amplia, su peso negociador puede crecer precisamente porque sus votos podrían ser importantes en una elección competida. Pero tampoco compren desde ahorita la mamada de sumar PRI más PAN más PAS más MC en una calculadora y declarar que ya salió gobernador. Los ciudadanos no vienen empaquetados con el logotipo del partido. Hay emecistas que no quieren al PRI, panistas que no tragan a los priistas, priistas que no quieren al PAN, pasistas con su propia historia y una enorme cantidad de ciudadanos que no tienen camiseta y votarán por quien les dé la gana. Una alianza de dirigentes puede llenar una mesa; una alianza de ciudadanos es la que llena las urnas.

Por eso digo que ya hay juego, pero apenas comienza el juego de verdad. Mario Zamora le sacó la carreta a Paloma y ahora tiene que demostrar que esa ventaja sirve para algo más que presumir una encuesta. El PAS manda señales que merecen lectura. SOMOS ya enseñó disposición a construir acuerdos. MC tiene una decisión que puede mover piezas importantes. Y enfrente está Morena, que no está muerto, no está acabado y tampoco tiene comprada la elección. Tiene a Imelda Castro adelante, tiene estructura y conserva una posición fuerte, pero también carga con el desgaste natural del poder, con una crisis de seguridad que estará inevitablemente en la discusión pública y con una bola de aspirantes que hoy sonríen porque todavía no les dicen que no. Así que ni Mario vaya apartando oficina en Palacio ni Imelda empiece a medir las cortinas. Falta un chingo, faltan acuerdos, faltan traiciones, faltan candidatos municipales, faltan los que se van a cambiar de camiseta jurando que “siempre estuvieron ahí”, faltan encuestas que misteriosamente pondrán arriba al que las pagó y falta, sobre todo, que hable la gente. Pero después de mucho tiempo de ver puro calenturiento corriendo solo, finalmente parece que en Sinaloa tendremos elección.

Y qué bueno.

Porque cuando hay competencia todos se acuerdan milagrosamente de escuchar al ciudadano.

Se calentó el menudo, señores. Morena ya puso a Imelda en la mesa, Mario empieza a llegar con números, los demás están acercando la silla y MC todavía anda viendo dónde se sienta. Ahora falta saber quién trae cuchara, quién nomás vino por la foto y quién al final termina lavando la pinche olla.

Todo esto según yo, el Goyo310.

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