¡Qué poca madre tiene la memoria política en Sinaloa! Resulta que aquellos que se llenaban la boca prometiendo terminar sus encargos, respetar el voto ciudadano y combatir el chapulineo, hoy andan buscando otra posición sin siquiera atreverse a solicitar licencia. Y lo más chingón es que tienen preparado un discurso para justificarlo. Ahora resulta que quedarse en el puesto mientras buscan otro es un acto de responsabilidad con sus electores. ¡No me chinguen! Antes era chapulineo, hoy es compromiso institucional. Antes era ambición, hoy es vocación de servicio. Antes era una traición al pueblo y ahora hasta quieren que les aplaudamos.
Y para que nadie salga con que estamos tirándole exclusivamente a Morena, aquí vamos a poner nombres y apellidos de todos los partidos, porque esta maña no tiene dueño. El guinda, el verde, el rojo, el azul, el naranja y el amarillo parecen tener algo en común. A sus aspirantes les encanta hablar de nuevas responsabilidades, pero cuando llega la hora de desprenderse de la que ya tienen, les entra una preocupación verdaderamente conmovedora por el bienestar de sus representados. ¡Mira qué considerados salieron los cabrones!
Empecemos por Morena, donde aparecen Manuel Guerrero, Rosario Sarabia, Carlos Escobar, Serapio Vargas, Luz Verónica Avilés, Sthefany Rea Reátiga, Nancy Yadira Santiago Marcos y Ambrocio Chávez Chávez. Ocho legisladores señalados entre quienes pretenden buscar otra posición política. Y aquí la pregunta no es si tienen derecho a participar, porque claro que lo tienen. La pregunta es por qué, si ya andan detrás de otra responsabilidad, no se separan de la que actualmente desempeñan. ¿Qué tiene de extraordinaria esa curul que no se atreven a dejarla ni tantito?
Pero tampoco se emocionen los del Verde Ecologista, porque en esa lista aparecen Martha Yolanda Dagnino Camacho, Rodolfo Valenzuela Sánchez y Aidee Corrales Corrales. Tres nombres más en esta discusión donde las aspiraciones parecen crecer al mismo ritmo que el cariño por la nómina. Y si alguien pensaba que la oposición iba a darnos una demostración de congruencia, mejor que se siente, porque también hay material para repartir.
En el PRI figuran Irma Guadalupe Moreno Ovalles y Paola Iveth Gárate Valenzuela. En el PAN aparecen Roxana Rubio Valdez y Jorge Antonio González Flores. Por Movimiento Ciudadano está Elizabeth Rafaela Montoya Ojeda y por el Partido del Trabajo, Moncerrat López López. Diecisiete diputados en total dentro de esta relación de aspirantes. Diecisiete nombres que permiten hacer una pregunta colectiva, sin importar el partido al que pertenezcan. ¿Dónde quedó aquel compromiso de cumplir hasta el último día el mandato para el que pidieron el voto?
Porque yo sí me acuerdo, y seguramente muchos ciudadanos también, de aquellos discursos donde prometían que no serían como los de antes. Que ellos sí iban a terminar su encargo, que no utilizarían una posición como trampolín para conseguir otra y que respetarían la confianza depositada en las urnas. ¡Qué bonito hablaban los condenados! Parecía que estaban firmando un contrato con la historia. Pero bastó que se acercara otro proceso político para que las promesas empezaran a estorbarles.
Y aquí aparece la contradicción que me parece más descarada. Cuando se les cuestiona por qué no solicitan licencia, algunos responden que tienen un encargo que cumplir. ¡Ah, chingá! ¿Entonces para qué buscan otro? Si el compromiso con sus electores es tan sagrado, que terminen su periodo y después compitan por lo que quieran. Pero no, resulta que quieren cumplir el encargo, buscar otro, conservar la nómina y tener garantizado el regreso si las cosas no salen como esperaban. Hasta para la ambición encontraron la manera de no correr riesgos.
Hay una justificación que merece un premio especial al cinismo político. Esa de preguntar qué pasaría con quienes votaron por ellos si solicitaran licencia. ¡Háganme ustedes el rechinado favor! Ahora resulta que la preocupación por sus electores les impide separarse del cargo, pero no les impide dedicar tiempo a sus aspiraciones. Además, las diputaciones cuentan con suplencias previstas por la ley. No estamos hablando de que el Congreso vaya a cerrar sus puertas porque uno de sus integrantes decida competir por otra posición.
Lo que verdaderamente cambió no fue el concepto de responsabilidad, sino la conveniencia de quienes lo utilizan. Ayer les parecía imperdonable que un político buscara brincar de un puesto a otro sin concluir su periodo. Hoy algunos pretenden hacer exactamente eso, pero conservando el primero hasta saber si consiguen el segundo. ¡Qué chingona evolución de los principios! Pasaron de condenar a los chapulines a querer brincar con la curul amarrada a las nalgas.
Y no confundamos las cosas. Nadie está diciendo que solicitar licencia sea obligatorio en todos los casos, porque eso depende de la legislación, el cargo y las reglas de cada proceso. Tampoco se puede afirmar que conservar el puesto constituya por sí mismo una irregularidad. El señalamiento es político y moral. Si durante años criticaron el chapulineo, si prometieron cumplir su encargo y si hoy buscan otra posición, tienen que explicar cómo concilian esas tres cosas sin acomodar el discurso a sus intereses.
Por eso quiero hacer un apartado con Pedro Lobo, quien sí solicitó licencia para separarse de su responsabilidad legislativa y continuar con sus aspiraciones. Su decisión merece ser mencionada porque representa una forma distinta de enfrentar este proceso. No significa que por pedir licencia automáticamente tenga la razón en todo ni que deba recibir una candidatura. Simplemente hizo algo que otros no han querido hacer: separarse del puesto que ocupaba mientras busca uno diferente. Y en una discusión donde abundan las justificaciones, ese contraste resulta relevante.
Ahora bien, que nadie crea que el asunto termina con estos diecisiete diputados. Mañana vamos a poner sobre la mesa los nombres de funcionarios municipales que también pretenden buscar otra posición mientras conservan sus cargos. Y después vendrán los estatales, porque también hay quienes parecen convencidos de que el servicio público consiste en no despegarse jamás de la nómina. Aquí habrá espacio para todos. No queremos que algún aspirante se sienta discriminado y piense que nos olvidamos de su hambre política.
Lo interesante será escuchar sus explicaciones. Porque seguramente aparecerán quienes digan que pueden desempeñar las dos actividades sin descuidar ninguna, quienes invoquen sus derechos políticos y quienes aseguren que separarse del cargo sería una irresponsabilidad. Son argumentos que pueden plantearse y discutirse. Pero ninguno borra por arte de magia las promesas que hicieron cuando buscaban el puesto que hoy ocupan.
Y ahí está el verdadero problema. No es solamente la licencia, es la palabra empeñada. Es haber señalado durante años una conducta y encontrarle virtudes cuando llega el momento de practicarla. Es exigir sacrificios a los militantes mientras el aspirante conserva todas sus comodidades. Es pedirle al ciudadano que crea en un nuevo proyecto cuando todavía no se ha terminado de cumplir el anterior.
A mí me gustaría escuchar a uno solo de esos aspirantes decir que no solicitará licencia porque sencillamente no quiere arriesgar su sueldo o su posición. Sería una explicación bastante más transparente que envolver la conveniencia personal en un discurso de responsabilidad pública. Pero eso difícilmente ocurrirá. En política casi nadie reconoce que le gusta la teta del presupuesto; prefieren decir que están profundamente comprometidos con el bienestar de la sociedad.
Así que la pregunta queda abierta para los diecisiete diputados mencionados y para los funcionarios municipales y estatales que iremos señalando. Si antes condenaban a los chapulines, ¿por qué ahora consideran justificable buscar otro cargo sin separarse del actual? Y si tanto presumen que van a cumplirle al pueblo, ¿por qué no terminan primero aquello para lo que fueron electos o toman la decisión de solicitar licencia?
Porque aquí el discurso cambió, pero la teta sigue siendo la misma. Y hay quienes, por lo visto, no están dispuestos a soltarla ni aunque ya tengan la boca abierta esperando otra más grande.
Ayer juraban que no serían chapulines. Hoy quieren brincar, pero sin dejar de mamar.
Todo esto según yo, el Goyo310.

