La teoría de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, particularmente en su obra Cómo mueren las democracias, ofrece una optima inmejorable para entender la crisis que atraviesa el sistema electoral mexicano ante la reforma de Morena. Ya lo señalaba el politólogo sinaloense Sergio Jacobo Gutiérrez en la revista Horizontes: donde destaca que los peligros que enfrentan los regímenes democráticos contemporáneos no son los golpes externos, sino ante la erosión interna. México no está viviendo un asalto de la violento al poder, sino un proceso de desmantelamiento institucional orquestado desde las urnas que busca convertir nuestra democracia en un simulacro.
Como bien ha denunciado el senador Alejandro Moreno, la embestida contra el árbitro electoral no es una medida de ahorro, sino un golpe a la supervivencia democrática. El PRI se mantiene firme porque entiende que sin instituciones autónomas, la competencia es una farsa. La narrativa oficialista de “democratizar” el Instituto mediante el voto popular de consejeros es, en términos de Levitsky, una subversión de las reglas del juego para capturar al árbitro. Cuando el poder político deja de observar la contención institucional y utiliza la ley para asfixiar a la oposición, la democracia entra en una fase terminal.
Lo que hoy vemos es la consolidación de un “sistema de partido cartelizado”, donde la mayoría utiliza su peso procedimental para monopolizar las decisiones y anular los contrapesos. Al atacar la autonomía técnica del órgano electoral, se busca eliminar la tolerancia mutua, ese pilar democrático que reconoce al rival como un contendiente legítimo y no como un enemigo a destruir. Morena no busca reformar para mejorar; busca capturar para perpetuarse.
Ante este panorama, el federalismo y la pluralidad en los congresos locales son la última trinchera. Como se ha señalado, el sistema federal es el mecanismo esencial para aminorar el carácter excluyente de una presidencia que confunde mayoría con absolutismo. La defensa del sistema electoral es, en el fondo, la defensa de la libertad de que cada voto siga contando y de que el poder siga teniendo límites. No es solo una lucha política, es la resistencia de la razón frente al autoritarismo.
Es ahora o nunca quienes creemos en la vida democrática nacional sin importar nuestra, área de influencia hagamos estas reflexiones, en los cabildos, congresos, mesas de análisis columnas noticieros, grupos de WhatsApp etc. Es el momento de defender la vida democrática nacional, que nuestra omisión no sea producto de lamentos en el mañana.

