En Baja California no tembló la tierra, pero sí las corvas de varios diputados de Morena cuando la presidenta Claudia Sheinbaum decidió recordarles, en vivo y sin anestesia, para qué chingados les pagan. No fue discurso, no fue arenga, no fue mañanera. Fue regaño puro, de esos que no se olvidan ni con tres selfies ni con filtro Valencia.
Ahí estaban los diputados bien formaditos detrás de la valla, estorbando más que ayudando, con cara de ya cumplí vine al evento. Listos para la foto, para la historia de Instagram, para el aquí con la presidenta, mientras enfrente tenían jornaleros agrícolas con problemas reales salario, salud, vivienda, vida jodida pues.
Y entonces pasó lo que tenía que pasar. La presidenta volteó, los vio y tronó. Nada de compañeros legisladores ni con todo respeto. Fue directo al hígado.
A trabajar más con la gente.
Hay que dejar de estar acá y estar en territorio.
Traducido al español sinaloense quítense de aquí, pónganse a jalar y dejen de andar de florero.
No les negó la foto nomás por mamona, se las negó porque el momento no era para el ego, era para la gente. Y eso dolió. Dolió porque fue público. Dolió porque fue viral. Dolió porque no fue a la oposición, fue a los suyos.
Los diputados se quedaron con la sonrisa congelada como estatua de plaza mal hecha. Unos viendo el piso, otros haciéndose pendejos y uno que otro pensando ojalá esto no llegue al grupo de WhatsApp. Spoiler ya llegó.
Luego la presidenta explicó que fue un regaño caluroso. Caluroso mis huevos. Eso fue un estate quieto presidencial, un no me fallen con dedicatoria y un aviso de que el movimiento no es pasarela ni sesión de fotos.
Porque Morena no es quince años, no es carne asada dominguera y el poder no es para andar pidiendo selfies mientras la gente sigue jodida.
Y aquí es donde entra la duda maliciosa, la pregunta obligada desde esta esquina del país donde no cantan mal las rancheras pero sí desafinan en el Congreso.
Qué pasaría si ese regaño llega a Sinaloa.
Qué tan grande sería la cagada de palo para los diputados sinaloenses.
Porque acá también hay mucho legislador de evento, mucho diputado de foto, mucho representante que cree que territorio es el estacionamiento del Congreso y que trabajar con la gente es saludar en campaña y desaparecer tres años.
Imagínese a la presidenta parándose en Culiacán, Mazatlán o Guasave, volteando a ver a los diputados locales y soltando el mismo mensaje. Menos grilla, menos pose, más calle.
Ahí sí se arma el terremoto. Ahí sí se esconden debajo del escritorio. Ahí sí varios piden vacaciones adelantadas o se hacen los enfermos.
Porque el regaño de Baja California no fue aislado. Fue mensaje nacional. Fue aviso. Fue advertencia. Fue la chancla levantada que todavía no baja, pero que ya se siente en el aire.
Así que más vale que los diputados de allá y de acá entiendan que cuando la presidenta se cansa de hablar bonito y empieza a hablar claro, es porque la paciencia ya se acabó y lo que sigue no viene con sonrisa.
Todo esto según yo, el 310.

