La Fractura Sanitaria, El fracaso IMSS – Bienestar … Por: Enrique Corrales

La Fractura Sanitaria, El fracaso IMSS – Bienestar … Por: Enrique Corrales

La promesa mesiánica de López Obrador de que México tendría un sistema de salud como el de Dinamarca. Seis años después, la realidad es una fractura expuesta. El país no tiene un sistema universal, sino dos; uno que funciona con inercia propia y otro, el federal, que se desmorona.

Como lo revela un análisis reciente, el fracaso del Insabi y su caótica sustitución por el IMSS-Bienestar partieron el mapa de México. 

Por un lado, 24 entidades,  alineadas, que cedieron sus sistemas de salud al gobierno federal. Por el otro, 8 estados, principalmente de oposición, que resistieron la centralización y hoy, los datos lo comprueban, “gozan de mejor salud”.

Esta no es una opinión, es una realidad documentada. La decisión de la 4T de desmantelar el Seguro Popular, que si bien era perfectible estaba basado en indicadores internacionales, no trajo nada mejor. Al contrario, los datos nacionales entre 2020 y 2025 muestran una caída en el gasto público en salud, un aumento en la mortalidad general y materna, y una drástica caída en las consultas externas.

Pero el análisis más crudo surge al comparar ambos Méxicos.

Los estados que mantuvieron su autonomía sanitaria, como los gobernados por el PRI, PAN o Movimiento Ciudadano, no solo evitaron el desastre, sino que muestran mejores indicadores. Mientras el gobierno federal asfixiaba financieramente a los estados, recortando en un 35% las Aportaciones para los Servicios de Salud (FASSA), fueron precisamente los estados “disidentes” los que, paradójicamente, recibieron más de ese fondo en 2022.

El modelo federal fracasó y arrastró consigo a los estados que confiaron en él. La promesa de Dinamarca se dinamitó en la ideología.

Este colapso administrativo tiene consecuencias que van más allá de las estadísticas de camas o consultas. El debilitamiento estructural del sistema nacional de salud, producto de estos recortes draconianos y la falta de rumbo, ha erosionado nuestros escudos preventivos.

La caída en los esquemas de vacunación y el debilitamiento de los cercos sanitarios son síntomas directos de este fracaso centralizado. No es casualidad que hoy resurjan alertas por enfermedades que creíamos controladas o erradicadas, como el sarampión o la poliomielitis. Cuando se destruye la estructura de salud pública por priorizar la lealtad política sobre la capacidad técnica, se abren las puertas a crisis que ya habíamos superado.

El gobierno federal no solo fracasó en crear un sistema de salud funcional, sino que activamente castigó a quienes no se sometieron a su experimento fallido.

Hoy, los ciudadanos de los estados que resistieron esa imposición tienen mejores servicios, demostrando que la mejor decisión fue, precisamente, romper con la 4T.

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