En política, no hay peor pecado que la soberbia de la ignorancia. Creer que se está gobernando para la historia mientras se gestiona para la anécdota es la marca de fábrica de la actual administración estatal. A cinco meses de que ruede el balón en el Mundial 2026, la FIFA ha publicado su lista definitiva de los Team Base Camps (TBC) en México. Es un mapa que debería darnos vergüenza: Sinaloa no aparece ni en las notas al pie de página.
Mientras aquí la Secretaria Mireya Sosa presume tres frecuencias semanales a Guadalajara como si fuera la llegada del hombre a la Luna, estas ciudades —muchas de ellas sin estadio de primera división o sin ser sedes oficiales— ya aseguraron su tajada de la gloria y el dinero:
Querétaro (CEGAR y La Loma): No solo certificaron sus canchas; certificaron su red hospitalaria de alta especialidad ante la FIFA. Implementaron un programa de capacitación bilingüe para su policía turística y lanzaron una marca ciudad específica para el Mundial. Resultado: Tienen garantizada la estancia de una selección europea.
Torreón (Territorio Santos Modelo): Gestionaron con la FIFA desde hace 3 años. El TSM no es solo un estadio, es un complejo logístico. Torreón se vendió como un “Hub de Desierto” con conectividad privada y seguridad perimetral de grado militar para selecciones de la AFC (Asia).
Pachuca (Universidad del Fútbol): Usaron su infraestructura académica y médica. Vendieron el “clima y la altura” como ventaja competitiva para equipos que jugarán en la CDMX.
Toluca/Metepec: La casa de la FMF ya está blindada. Tienen protocolos de “burbuja sanitaria” y logística de transporte que Sinaloa ni siquiera ha soñado.
Tijuana: Aprovecharon su frontera. Certificaron el Estadio Caliente y sus hoteles de la Zona Río para selecciones que buscan movilidad binacional.
Mérida y Cancún: Aunque lejos de las sedes, se certificaron como centros de recuperación post-partido.
Mazatlán tiene un estadio e instalaciones deportivas de primer nivel, un aeropuerto de buena capacidad y una gran capacidad hotelera, oferta turística y gastronómica y nunca se hizo NADA.
El Gobierno de Sinaloa ha querido vender la recuperación del vuelo Mazatlán-Guadalajara como la gran hazaña del sexenio en materia turística. Seamos francos: ese vuelo ya existía. No es una gestión gubernamental; es una corrección del mercado. Volarisno pone aviones por “hacerle el favor” a Rocha; los pone porque la demanda de la sede vecina es brutal.
Pero ahí radica la pequeñez: mientras en el Bajío gestionan diplomacia deportiva (reuniones con las federaciones de España, Corea y Uruguay), aquí gestionan boletos de avión. Mientras en San Luis Potosí rehabilitan sus caminos rurales para crear rutas de “escape” para el turista de alto poder adquisitivo, en Sinaloa tenemos las carreteras de las zonas agrícolas —el motor de nuestra economía— en condiciones deplorables.
Es indignante. Tenemos el estadio “El Encanto” en Mazatlán, una infraestructura que por sí sola cumple con el 90% de los requisitos FIFA para ser un TeamBase Camp. Tenemos capacidad hotelera de sobra y una gastronomía que ya quisiera cualquier sede oficial.
¿Qué faltó entonces? Faltó un gobierno que no pensara en pequeño. Faltó que la Secretaría de Turismo dejara de ir a ferias a tomarse fotos y se pusiera a trabajar en las certificaciones técnicas que la FIFA exige: protocolos de seguridad específicos, blindaje médico, conectividad terrestre de lujo y, sobre todo, gestión diplomática.
En la ciencia política, Maquiavelo decía que “el que no detecta los males cuando nacen, no es verdaderamente sabio”. El mal aquí nació de la desidia. Tuvieron 4 años para certificar a Mazatlán como sede de entrenamiento. Dejaron pasar el tiempo y hoy, a escasos meses del evento, nos dicen que “el vuelo a Guadalajara nos va a salvar”.
Sinaloa está pagando el precio de una visión de cabotaje en un mundo de vuelos transatlánticos. El Mundial 2026 pasará por encima de nosotros a 30 mil pies de altura, y lo único que se quedará en el estado será el ruido de las turbinas.
Tenemos un gobierno pequeño que le tiene miedo a la competencia global. Un gobierno que prefiere celebrar lo que ya teníamos en lugar de salir a conquistar lo que merecíamos. El Bajío ya ganó; nosotros, gracias a la 4T sinaloense, nos quedamos en la banca, viendo cómo otros estados se llevan la inversión, el prestigio y el futuro, mientras aquí seguimos aplaudiendo un vuelo de tres veces por semana.
Sinaloa merecía más; su gobierno no estuvo a la altura.
No tuvimos tajada alguna del evento más importante de los últimos 40 años gracias a el Gobierno de Sinaloa y su mediocridad.

