La oposición que llora… y la que avanza… Por Yamir de Jesús Valdez.

La oposición que llora… y la que avanza… Por Yamir de Jesús Valdez.

En la política mexicana hay verdades que nadie quiere decir en voz alta, pero que todos conocen. Una de ellas es que el PRI y el PAN, por sí solos, ya no ganan elecciones en casi ningún estado del país. Lo saben en sus dirigencias nacionales y lo saben, todavía mejor, en los comités estatales que viven de cerca la erosión de estructuras, militancia y liderazgo. Por eso sorprende tan poco —y al mismo tiempo dice tanto— que los panistas de varios estados estén reclamándole a su propio partido la cancelación de alianzas sin haberlos consultado.

El tema no es menor. En 2027 habrá gubernaturas en disputa que no son cualquier cosa: Nuevo León y Chihuahua, por ejemplo, donde una alianza entre PAN y PRI cambia por completo el panorama electoral. No se trata de romanticismos ni de nostalgias por las viejas coaliciones, sino de números fríos. El PAN lo sabe. El PRI también. El problema es que el Comité Ejecutivo Nacional parece haber tomado las decisiones mirando más hacia el tablero nacional que hacia el territorio.

Y ahí es donde la inconformidad crece. Los panistas estatales no están pidiendo un milagro. Están pidiendo algo básico: que los escuchen. Que tomen en cuenta que ellos conocen el terreno, las fuerzas locales, las redes que todavía sobreviven y, sobre todo, las pocas posibilidades que tienen si van solos. En política, ignorar a quienes te sostienen desde abajo es el primer paso para quedarte sin nadie que te sostenga.

Sinaloa es un ejemplo perfecto de este extravío opositor. Aquí tanto el PRI como el PAN saben que separados no llegan ni al segundo round. No tienen cuadros fuertes, no tienen estructura, no tienen militantes dispuestos a quemarse recorriendo colonias y sindicaturas, y tampoco tienen recursos económicos. Cualquier dirigente serio lo reconocería en privado. Lo grave es que también es algo que la ciudadanía ya percibe.

Por eso resultan tan absurdas —y en cierto punto desesperadas— las quejas de la “oposición” por el trabajo territorial que está realizando la senadora Imelda Castro. PRI y PAN sienten que “les está comiendo el mandado”. Y uno no puede evitar preguntarse qué esperaban que ocurriera si llevan meses, incluso años, sin caminar el territorio, sin renovar cuadros, sin abrir espacios, sin entusiasmar a nadie.

La dignidad que hoy exigen frente a Morena deberían exigírsela primero a sí mismos. Si la oposición quiere competir, tiene que trabajar. No llorar.

Lo que está pasando con Imelda Castro no es un fenómeno sobrenatural ni producto de la suerte. Es simple presencia, es estrategia y constancia. Mientras la oposición afina comunicados de prensa y se lamenta en redes, ella está recorriendo colonias, reuniéndose con grupos, encabezando agendas y tomando posiciones, y eso, en política, se llama construir.

Lo interesante es que no solo la oposición está reaccionando. Dentro del propio Morena se están enviando señales que vale la pena leer con calma. La más reciente vino de la presidenta de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado, la diputada Tere Guerra. Ella, quien en su momento también se asumió como aspirante a la gubernatura, salió públicamente en defensa de Imelda ante las acusaciones de campaña anticipada y las críticas opositoras.

Ese gesto no es menor. En política, nadie defiende a alguien porque sí. Menos cuando ambas han sido mencionadas entre los perfiles que buscarían la candidatura en 2027. Que Tere Guerra cierre filas con Imelda implica algo más profundo, Morena está ordenando sus piezas y está dejando ver, de manera cada vez más clara, quién se está posicionando con mayor envergadura y quién está quedando fuera de la conversación.

La oposición debería tomar nota de esto. Mientras ellos discuten si habrá o no alianza, si se escuchó o no a los comités estatales, si se animan o no a competir, Morena ya entró en modo 2027. La operación territorial está activa. Los liderazgos se están alineando. Los mensajes internos están fluyendo. Y los externos, también.

No es que los astros se estén alineando para Imelda Castro. Es que quienes mueven los hilos de su propio partido están enviando señales claras de respaldo, voluntaria o involuntariamente. La oposición, en cambio, sigue entrampada en sus dudas existenciales.

El 2027 está a la vuelta de la esquina. Y aunque parezca temprano, las campañas ya empezaron, unas en silencio, otras a cielo abierto. La diferencia es que unos están avanzando… y otros apenas están despertando.

La política no perdona los vacíos. Y en Sinaloa, la oposición dejó uno tan grande, que Morena no tuvo que pelearlo. Solo tuvo que ocuparlo.

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