La Paloma de Sinaloa  Por: Enrique Corrales 

La Paloma de Sinaloa  Por: Enrique Corrales 

En la política nacional, donde el discurso suele disfrazar la ineficiencia, existe una máxima inquebrantable: dato mata relato. Hoy, mientras Sinaloa atraviesa una de las crisis de seguridad y gobernabilidad más profundas de su historia moderna, el Senado de la República se ha convertido en el espejo que refleja quiénes van a la capital a administrar una silla y quiénes van a defender a su tierra con uñas y dientes. Al revisar la numeralia oficial de la LXVI Legislatura, la conclusión es tan fría como contundente, pues la defensa del estado tiene un solo nombre y un liderazgo indiscutible encarnado en Paloma Sánchez Ramos, quien no solo se ha erigido como la legisladora más productiva de su partido a nivel nacional, sino como la auténtica muralla de contención ante el abandono federal que sufren los sinaloenses.

Los registros del sistema de información legislativa no mienten y colocan a “La Paloma de Sinaloa” en una posición de élite que incomoda al oficialismo local. Con un impresionante récord de 105 iniciativas presentadas entre septiembre de 2024 y diciembre de 2025, Sánchez Ramos se ha consolidado como la cuarta senadora con mayor trabajo legislativo de toda la República, superando a decenas de legisladores de la mayoría que, amparados en la comodidad de su marca partidista, han optado por la inercia. Este dato no es una simple estadística burocrática; representa 105 batallas iniciadas para proteger a las mujeres, rescatar al campo de la asfixia presupuestal y, sobre todo, exigir la paz que le ha sido arrebatada a las familias de Culiacán y de todo el estado. Mientras la maquinaria oficialista se dedica a aprobar sin leer las consignas que llegan de Palacio Nacional, Paloma Sánchez arrastra el lápiz para construir un marco jurídico que responda a la realidad sangrante de nuestras calles.

El contraste con sus contrapartes sinaloenses es devastador y exhibe dos formas opuestas de entender el pacto federal. Mientras Paloma Sánchez toma la tribuna para denunciar los homicidios, las desapariciones forzadas y la quiebra técnica de los comerciantes por la violencia, los senadores del oficialismo, brillan por su ausencia en los rankings de productividad y debate. A pesar de ocupar cargos de relumbrón, su producción legislativa propia es raquítica en comparación y su voz se apaga cuando se trata de incomodar al poder central para exigir recursos para Sinaloa. Ellos han elegido ser empleados del Poder Ejecutivo; Paloma ha elegido honrar su mandato constitucional como representante de una entidad soberana que exige resultados, no sumisión.

La fuerza de Paloma Sánchez radica en que ha sabido convertir la indignación en técnica legislativa. No se ha limitado al grito estéril, sino que ha puesto sobre la mesa leyes como la de Pacificación y Reconstrucción Social, diseñada quirúrgicamente para atender zonas de desastre por violencia, o la defensa férrea de los precios de garantía para el maíz y el trigo, temas que los legisladores de Morena han abandonado para no contradecir la austeridad mal entendida de su gobierno. Cada vez que Sánchez sube a tribuna, no solo habla una senadora del PRI; habla el sector pesquero ignorado, habla la madre buscadora y habla el empresario que baja la cortina por miedo. Su voz resuena porque está cargada de la legitimidad que dan los números y el trabajo incesante, demostrando que para ser un gigante en el Senado no se necesita ser mayoría, se necesita tener la razón y el coraje de sostenerla.

Sinaloa no está para representantes tibios ni para gestores de silencios cómplices. En estos tiempos oscuros, nuestro estado requiere una luz que no tenga miedo de brillar en la tormenta, y esa luz es, sin lugar a dudas, Paloma Sánchez. La gráfica de productividad del Senado es el veredicto final de la historia reciente: hay quienes fueron a la Ciudad de México a obedecer, y está Paloma, que fue a trabajar. Por eso, y con los números en la mano, podemos afirmar categóricamente que ella es la mejor senadora que tiene Sinaloa, la única que ha entendido que su lealtad no es con un Gobernador, sino con la gente que le dio su voto y su confianza.

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