MARÍA INÉS, ¿LE SUMA O RESTA A IMELDA CASTRO? “EL TÁBANO” ….Por Ismael Checa Landeros.

MARÍA INÉS, ¿LE SUMA O RESTA A IMELDA CASTRO? “EL TÁBANO” ….Por Ismael Checa Landeros.

En política, las palabras pesan. A veces más que los hechos. Y cuando se pronuncian —o se publican— en medio de un proceso interno, pueden convertirse en combustible para el conflicto o en lastre para un proyecto. Eso es justamente lo que hoy ocurre con las recientes declaraciones de María Inés Pérez Corral, quien, en una publicación en redes sociales, afirmó que quienes han manifestado su apoyo a la senadora Imelda Castro han sido objeto de amenazas, incluso dejando entrever la posibilidad de hechos lamentables.

Más allá de la intención, el mensaje no es menor. En un contexto como el de Sinaloa, donde la violencia es una herida abierta, insinuar riesgos de ese nivel no solo genera preocupación, también enciende alertas políticas. Y aquí cabe una reflexión sencilla, pero necesaria; cuando alguien cercano a un proyecto político lanza este tipo de advertencias, inevitablemente impacta en la percepción pública del mismo.

Diría cualquiera con experiencia en estos temas; “no me ayudes, comadre”. Porque lejos de fortalecer, este tipo de posicionamientos pueden colocar a la propia Imelda Castro en una situación incómoda frente a las reglas internas de Morena. No hay que olvidar que el propio Consejo Nacional del partido ha sido claro en establecer límites, evitar confrontaciones, y sobre todo, no promover narrativas que dividan o generen tensión entre aspirantes.

La declaración de María Inés abre varias lecturas. La primera, y la más delicada, es que efectivamente exista un ambiente de amenazas dentro del proceso interno. De ser así, lo responsable sería acudir a las instancias correspondientes, presentar denuncias y proteger a quienes, según sus palabras, están en riesgo. Hasta ahora, no se tiene conocimiento de que esto haya ocurrido. Y en política, lo que no se documenta, se debilita.

La segunda lectura es aún más compleja; que se trate de una percepción personal, o incluso de un conflicto ajeno al ámbito político, que termina trasladándose al terreno público sin sustento claro. Y si ese fuera el caso, el daño es doble; porque no solo se genera alarma innecesaria, sino que se proyecta una imagen de desorden interno en el movimiento.

Hay que decirlo con claridad; en momentos como los que vive Sinaloa, los actores políticos tienen una responsabilidad mayor en el uso de la palabra. No se puede jugar con el miedo de la gente, ni insinuar escenarios de violencia sin pruebas contundentes. Hacerlo no abona, al contrario, erosiona la confianza y debilita cualquier narrativa de unidad.

Además, el mensaje que se envía hacia dentro del propio Morena tampoco es el mejor. Si se sugiere que entre los mismos aspirantes o sus equipos existe violencia o amenazas, entonces se rompe con el discurso de cohesión que tanto presume el movimiento. Y eso, políticamente, tiene un costo.

María Inés no es una figura menor. Es fundadora, ha tenido responsabilidades de gobierno, ha transitado por distintos espacios políticos, y hoy vuelve a estar en el radar público. Precisamente por eso, sus palabras tienen eco. No es una voz aislada. Y por lo mismo, se le debe exigir mayor prudencia.

También vale la pena preguntarse algo que pocos han puesto sobre la mesa; ¿este tipo de declaraciones realmente fortalecen a Imelda Castro? ¿Le suman en su aspiración o le generan ruido innecesario? Porque en política, no todo apoyo es positivo. Hay respaldos que pesan, y otros que complican.

Si alguien afirma que hay amenazas, lo primero es actuar, no publicar. Proteger a los suyos, acudir a la autoridad, y después informar con responsabilidad. Lo demás se presta a interpretaciones, sospechas y, en el peor de los casos, a sanciones internas si se considera que se están violentando las reglas del proceso.

Sinaloa necesita otra cosa. Necesita políticos que construyan, no que siembren dudas; que generen confianza, no temor. Hablar de violencia no es promover la paz. Y hoy más que nunca, ese debería ser el eje de cualquier discurso público.

Al final, la pregunta queda en el aire; ¿María Inés le suma o le resta a Imelda Castro? La respuesta no está en el discurso, sino en los efectos que este provoca.

P.D. Nos vemos en la próxima entrega.

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