México se encuentra en una posición intermedia en la evaluación internacional sobre cómo los países enfrentan la obesidad. De acuerdo con el informe “Una epidemia de inacción: evaluando las respuestas nacionales a la obesidad”, elaborado por Economist Impact, el país ocupa el lugar 11 de 20 naciones analizadas, con una calificación de 55.3 sobre 100.
El estudio, presentado en el marco del Día Mundial de la Obesidad, mide la respuesta de los gobiernos a partir de cuatro ejes: políticas públicas, atención médica, acceso a alimentos de calidad y promoción de la actividad física.
Aunque México no figura entre los países con mejor desempeño general, el reporte destaca avances en el ámbito clínico. En el apartado de manejo médico de la obesidad obtuvo 61.1 puntos, resultado que refleja la existencia de guías clínicas actualizadas y procesos formales de diagnóstico.
Más que una cuestión de voluntad
Durante el conversatorio “La obesidad: Un laberinto con salida”, realizado en Ciudad de México, especialistas coincidieron en que uno de los principales obstáculos es la percepción social de la enfermedad.
“La obesidad no es un problema de falta de disciplina”, señalaron expertos, al enfatizar que se trata de una condición crónica influida por factores biológicos, genéticos y ambientales.
Iñaki Villanueva, director médico del área de obesidad de Lilly México, advirtió que reducir la conversación a un tema de responsabilidad individual ha retrasado diagnósticos y tratamientos adecuados.
Por su parte, Emma A. Chávez, del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, recordó que esta enfermedad se relaciona con más de 200 complicaciones, entre ellas diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y apnea del sueño.
El reto pendiente
El informe ubica a Serbia, Francia y Brasil entre las naciones con mejores resultados, superando los 70 puntos en la evaluación general. México, en contraste, enfrenta desafíos estructurales que van más allá del sistema de salud.
Especialistas subrayaron que el tratamiento requiere un enfoque integral que combine atención médica basada en evidencia, acompañamiento profesional continuo y acceso a terapias que actúan sobre los mecanismos biológicos del apetito y el metabolismo.
Además, señalaron que el estigma social sigue siendo una barrera importante para que las personas busquen atención oportuna.
El diagnóstico es claro: avanzar en la respuesta contra la obesidad implica cambiar la narrativa pública, dejar atrás los prejuicios y consolidar políticas sostenidas que atiendan la enfermedad como lo que es: un problema de salud complejo y multifactorial.

