Morena muestra debilidad en Sinaloa. “EL TÁBANO” Por Ismael Checa Landeros.-

Morena muestra debilidad en Sinaloa. “EL TÁBANO” Por Ismael Checa Landeros.-

¿Podría usted mencionar el nombre del dirigente morenista de su municipio?

La pregunta no es menor, ni ociosa; es, en realidad, un termómetro claro del momento que vive un partido que, paradójicamente, detenta el poder político más amplio del país y, aun así, comienza a mostrar signos de desgaste en lo más básico, su estructura territorial.

En la sociedad, como en la política, nada que se queda quieto sobrevive; todo debe estar en constante movimiento, en aprendizaje permanente, en corrección de errores y fortalecimiento de aciertos. Solo así se garantiza la permanencia. Sin embargo, lo que hoy se observa en Sinaloa dista de esa lógica elemental; por el contrario, lo que se percibe es un estancamiento preocupante en la operatividad de Morena en Sinaloa, una pausa que no debería existir en un partido que presume ser el motor de la transformación nacional.

Se habló durante meses de la construcción de una estructura sólida, de la presencia en cada sección electoral, en cada colonia, en cada sindicatura; se habló también de afiliación masiva, de organización territorial, de músculo político listo para operar. Pero la realidad, siempre más terca que el discurso, ha terminado por evidenciar que esos esfuerzos no se han reflejado en los hechos. Ahí están como muestra los procesos recientes de elección de síndicos, donde Morena no logró traducir su supuesto aparato en resultados contundentes.

Algo está pasando al interior de Morena Sinaloa, y no es difícil advertirlo; la división interna, por no decir la lucha de intereses entre grupos, ha comenzado a pesar más que el propio proyecto partidista. Las llamadas “tribus”, que tanto daño hicieron en su momento al PRD, hoy asoman con fuerza dentro del movimiento que prometía ser distinto. Y la historia, cuando no se aprende de ella, suele repetirse con una precisión casi cruel.

A esta fragmentación se suma otro problema igual de grave, la ausencia de ideas claras y frescas. Morena, en su origen, fue un partido disruptivo, con narrativa, con causa, con discurso que conectaba con la gente. Hoy, en cambio, parece atrapado en la inercia del poder, repitiendo fórmulas, reciclando argumentos, defendiendo más de lo que propone. Y en política, cuando se deja de proponer, se empieza a retroceder.

En ese contexto, figuras encargadas de áreas estratégicas tampoco han logrado marcar diferencia. La operación en redes, encabezada por Greg Morales, se percibe reactiva, sin agenda, sin capacidad de posicionamiento; más enfocada en responder que en construir narrativa. Lo mismo ocurre con la formación de nuevos cuadros, donde Carlos Rea mantiene un discurso anclado en el pasado, como si Morena siguiera siendo oposición, cuando la realidad es que hoy es gobierno, y eso exige otra visión, otra responsabilidad, otra altura.

Porque no es lo mismo construir desde la protesta que sostener desde el poder. Y ahí es donde Morena enfrenta uno de sus mayores retos, entender que el movimiento ya no es aquel que luchaba contra el sistema, sino que ahora es parte central de él. No asumirlo, o peor aún, actuar como si nada hubiera cambiado, solo acelera el desgaste.

Renovar no es traicionar principios, renovar es evolucionar; profesionalizar la operación política no es burocratizarla, es hacerla eficaz; abrir espacios a nuevas ideas no es debilitar el proyecto, es fortalecerlo. Pero para que eso ocurra, primero debe existir autocrítica, y hasta ahora, esa parece ausente.

Morena Sinaloa tiene pendiente esa tarea; reconstruir su estructura, depurar sus conflictos internos, actualizar su discurso y, sobre todo, entender que el poder no es eterno ni automático. Se gana, se ejerce y, si no se cuida, se pierde.

P.D. Nos vemos en la próxima entrega.

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