La presidente Claudia Sheinbaum convirtió el púlpito presidencial en un poderoso radar para detectar enemigos y para pelear contra sus fantasmas.
Y ahora “descubre” que detrás de la marcha de los jóvenes de la llamada generación Z hay políticos y “personajes de la derecha”. Qué paradoja: la presidenta que se dice de izquierda pretende cancelar el derecho elemental de la derecha —o de cualquier corriente— a organizarse, marchar o disentir.
Para ella, la pluralidad solo existe a condición de que se le aplauda al régimen. Y a los que lo cuestionan, utiliza la palabra libertad y democracia, para denostarlos, exhibirlos y descalificarlos. Exactamente lo mismo que hacía su mentor. “Prohibido prohíbir”. ¡!Y rajale!
Y mientras, Sheimbauma hace exactamente lo que denuncia: política pura y dura. Afirma que los jóvenes están “manipulados” y, acto seguido, revela que su gobierno investiga quién está detrás de la marcha. Y claro, menciona a Ricardo Salinas Pliego y a Claudio X. González. ¿Y si fuera cierto? ¿Desde cuándo es delito que alguien convoque a jóvenes? ¿O que los jóvenes inviten a quien quieran? Lo más probable es que ni caso les hagan. Pero para la presidente todo lo que critique al régimen merece sospecha, linchamiento, investigación y archivo en PDF. Idéntico a la temible Dirección Federal de Seguridad, solo que ahora en versión cibernetica y descarada.
Y viene la ironía mayor: ¿no marchó ella como joven? ¿No militó en movimientos de izquierda dentro y fuera del país? ¿No convivió con Fidel Castro y otras figuras de la izquierda radical latinoamericana? ¿Y no fue Gustavo Petro, presidente de Colombia, quien aseguró que Sheinbaum militó en el M19, grupo guerrillero responsable de asesinatos y secuestros? Ella negó, esquivó, evadió… pero la declaración no vino de un tuitero: vino de un jefe de Estado.
Hoy, lo que el viejo PRI hacía y ella repudiaba, es exactamente lo que practica desde Palacio: vallas metálicas para blindarse, granaderos para contener estudiantes, y el Ejército listo por si la crítica se sale del guion.
En tanto los jóvenes se alistan para marchar y protestar este próximo sábado 15 de noviembre, la presidente insiste en cuestionar la autenticidad de la manifestación, tal y como lo hizo Gustavo Díaz Ordaz con el movimiento del 68, del que decía estaba financiado por las fuerzas oscuras del comunismo internacional.
Nada nuevo: el poder siempre termina pareciéndose a aquello que juró destruir.

