“Zapata en Sinaloa La Traición al Surco y el Silencio de la 4T.”

“Zapata en Sinaloa La Traición al Surco y el Silencio de la 4T.”

Hoy, 10 de abril, se cumplen 107 años de que las balas del poder intentaron asesinar una idea, la tierra es de quien la trabaja. Si Emiliano Zapata cabalgara hoy por Sinaloa, su mirada no se posaría en los latifundios, sino en la maquinaria de abandono institucional que hoy asfixia al campo sinaloense.
La figura del Caudillo del Sur no es un adorno de bronce para los discursos de la Cuarta Transformación, sino un recordatorio de que la justicia social no es una dádiva gubernamental, sino un derecho arrebatado. Sin embargo, en pleno 2026, el ideal zapatista se estrella contra una realidad marcada por el desplome de los precios del maíz, la cerrazón burocrática y el incumplimiento sistemático de la palabra empeñada por la Presidenta Sheinbaum y el Secretario Berdegué.
Sinaloa, históricamente reconocido como el granero de México, vive hoy una paradoja cruel bajo el régimen actual. Mientras la retórica oficial ensalza una supuesta soberanía alimentaria, los productores que sostienen ese concepto viven en la incertidumbre del mercado global sin la protección del Estado.
La erosión de la rentabilidad es crítica; con precios que no cubren los costos de producción y una inflación que encarece los insumos básicos, el productor sinaloense ha pasado de ser un motor económico a un deudor cautivo.
Las mesas de diálogo se han convertido en actos de retórica donde se firman acuerdos de papel que nunca llegan a las cuentas bancarias de los agricultores, mientras que la toma de casetas y aeropuertos es calificada cínicamente como sabotaje cuando en realidad representa el último recurso de la dignidad del campo.
Lo más doloroso de esta crisis no es solo la incapacidad del Ejecutivo, sino la abyección del Poder Legislativo. Los Diputados y Senadores de la 4T y sus aliados han optado por un silencio cómplice y perverso, evidenciando lo que Robert Michels definía como la ley de hierro de la oligarquía: élites parlamentarias más preocupadas por la disciplina partidista que por defender el patrimonio de sus representados. En lugar de ser la voz del pueblo, actúan como “levantadedos” de una narrativa que criminaliza la protesta agraria y bendice una austeridad a conveniencia
Zapata no pedía caridad, exigía respeto al esfuerzo y justicia en la distribución de la riqueza generada por la tierra. En este aniversario luctuoso, la mejor forma de honrar su legado no es con coronas de flores, sino con la exigencia firme de que se cumpla lo pactado. Porque si el gobierno olvida al campo, el campo —como ocurrió en 1910— tarde o temprano le recordará al poder quién es el verdadero dueño del destino de la nación. La tierra sigue gritando justicia, y en Sinaloa, ese grito está más vivo que nunca.

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