En política las encuestas no entregan nombramientos ni reparten candidaturas. Sirven para medir el momento, para conocer cómo se mueve el ánimo ciudadano y, sobre todo, para recordarles a quienes aspiran a un cargo que todavía queda mucho camino por recorrer. Quien se confía porque aparece arriba puede llevarse una sorpresa; quien se desanima porque hoy está abajo, también puede equivocarse.
La encuesta publicada por Demoscopía Digital ayer 1 de julio, apenas unos días después de que el sábado 27 de junio arrancara formalmente la competencia interna de Morena en Sinaloa, deja una lectura interesante. Hay perfiles que comienzan a marcar diferencia, pero la contienda está lejos de definirse. En otras palabras, la carrera apenas arrancó.
La medición coloca a la senadora Imelda Castro al frente de las preferencias, seguida muy de cerca por la diputada Teresa Guerra. Más abajo aparecen Rodolfo Valenzuela, Estrella Palacios, Omar López y Ricardo Madrid, quienes todavía tienen margen para crecer. Además, existe un porcentaje importante de ciudadanos que aún no decide o que no expresa una preferencia, lo que confirma que todavía hay espacio para mover las tendencias.
No hace mucho, otras encuestas mostraban un escenario distinto. Algunos nombres aparecían mejor posicionados y otros ni siquiera figuraban entre los primeros lugares. ¿Qué ocurrió? Muy probablemente que la incorporación de los trece aspirantes modificó el tablero político. Cuando todos salen a recorrer el estado, buscan posicionar su nombre y acercarse a la ciudadanía, las preferencias comienzan a reacomodarse.
Pero si algo deja claro esta encuesta es que ahora empieza la verdadera competencia. A partir de este momento cada aspirante tendrá que demostrar de qué está hecho. No bastará con aparecer en fotografías, subir videos a redes sociales o encabezar reuniones. Habrá que caminar colonias, visitar comunidades, escuchar a la gente y convencerla de que se tiene la experiencia y la capacidad para conducir el proyecto de Morena en Sinaloa.
También será el momento de comprobar qué tan sólida es la estructura política que cada quien aseguró haber construido durante los últimos meses. Mucho se habló de organización territorial, de equipos y de operadores. Llegó la hora de demostrar si esa maquinaria realmente funciona o si solamente existía en el discurso. Ahí se conocerá quién hizo la tarea y quién simplemente administró expectativas.
Quienes aceptaron participar en este proceso sabían perfectamente cuáles eran las reglas. Todos conocen que la decisión final se tomará mediante encuestas y también asumieron el compromiso de respetar el resultado. Esa será otra prueba de madurez política cuando llegue el momento de conocer al ganador.
Esta primera medición puede leerse de distintas maneras. Para algunos será un llamado a intensificar el trabajo en territorio; para otros, una señal de que nadie puede sentirse seguro todavía. Lo cierto es que faltan muchos meses de recorridos, diálogo con la ciudadanía y construcción política.
En Morena, la competencia sigue abierta. Hoy hay liderazgos visibles, sí, pero la candidatura todavía no tiene dueño. En política, las carreras no se ganan en el arranque; se ganan al cruzar la meta.
P. D. Nos vemos en la próxima entrega.

