Lo que no suena lógico… suena metálico

Lo que no suena lógico… suena metálico

Hay un dicho muy viejo que dice que los números no mienten. El problema es que nunca aclaró quién los acomoda. Y viendo lo que está pasando con las encuestas rumbo a la definición de la Coordinación de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación en Sinaloa, la verdad es que ya no sabe uno si leerlas, coleccionarlas o de plano llevarlas a la chatarrería, porque parece que algunas traen más metal que metodología. Esto ya dejó de ser una guerra de aspirantes. Hoy la verdadera guerra es de encuestas. Cada semana sale una distinta, cada tres días nace un nuevo puntero, cada quien presume la que más le conviene y, curiosamente, todas aseguran que las otras están cuchareadas. Ya nomás falta que el INEGI saque una encuesta preguntando cuál encuesta es la menos mentirosa. Lo preocupante no es que existan diferencias entre una casa encuestadora y otra. Eso es normal. Ninguna metodología es idéntica. Lo que ya no es normal es que algunos candidatos parezcan acciones de la Bolsa Mexicana de Valores: un lunes están peleando el primer lugar y para el viernes ya ni aparecen en el cuestionario. Ni Tesla se desploma tan rápido.

El ejemplo más claro es Gerardo Vargas Landeros. Y no porque uno quiera hacerlo víctima ni mucho menos candidato por decreto. Los datos ahí están. Durante prácticamente todo 2025 y los primeros meses de 2026, distintas empresas como GobernArte, CRIPESO y Metametrics lo colocaban entre los perfiles más competitivos de Morena. Unas veces primero, otras segundo, otras empatado técnicamente con quienes encabezaban las preferencias. No era una encuesta. No eran dos. Era una tendencia. Una constante. Un patrón. Y eso tiene un peso estadístico que no desaparece porque sí. Incluso después de su salida de la alcaldía de Ahome varias mediciones seguían colocándolo entre los perfiles con mayor intención de voto. Es decir, los números seguían ahí. Después vino el conflicto político, su desafuero, las diferencias públicas con el grupo en el poder, las declaraciones y el rompimiento. Y, curiosamente, a partir de ahí comenzó algo que, por lo menos, merece una explicación. No, no bajó lentamente. No perdió cinco puntos un mes y tres al siguiente. No hubo una tendencia clara donde pudiera decirse que la ciudadanía empezó a retirarle el respaldo. Simplemente en algunas encuestas dejó de existir. Como si alguien hubiera tomado el cuestionario y dijera: “A este ya no me lo preguntes”. Así cualquiera deja de crecer. Porque una cosa es que la ciudadanía deje de respaldarte y otra muy distinta es que quien diseña la encuesta decida que la ciudadanía ya no podrá opinar sobre ti. Esa diferencia es enorme. Porque una encuesta no empieza cuando alguien contesta el teléfono. Empieza cuando alguien decide quién entra al cuestionario y quién se queda fuera. Esa decisión vale más que mil llamadas. Si no preguntas por un aspirante, jamás sabrás cuánto respaldo conserva. Es imposible medir lo que decidiste borrar desde el escritorio. Después aparecen los expertos diciendo que “ya cayó”. ¿Cómo saben? ¿Lo midieron o simplemente dejaron de medirlo? Porque esas son dos cosas completamente distintas. Si Gerardo Vargas seguía conservando sus derechos políticos, seguía activo, siguió participando y formalizó su registro dentro del proceso interno de Morena, entonces la pregunta ya no es cuánto trae. La verdadera pregunta es: ¿con qué criterio algunas empresas decidieron dejar de medirlo mientras otras seguían colocándolo entre los perfiles competitivos? Esa respuesta no debería ser política. Debería ser metodológica. Porque las metodologías no tendrían que tener colores, ni grupos, ni padrinos.

Pero Gerardo Vargas no es el único caso que hace levantar la ceja. Ahí está también Ricardo Madrid. Hubo mediciones donde aparecía peleando el primero y segundo lugar entre los perfiles con mayores posibilidades. No era un aspirante de media tabla. De pronto apareció hasta el último lugar. Ni los Tomateros pierden tantas posiciones en una sola entrada. Entonces vale la pena preguntar: ¿la gente cambió tan rápido de opinión o cambiaron los intereses de quienes elaboran o difunden algunas mediciones? Porque las dos cosas no pueden ser ciertas al mismo tiempo. Aquí pareciera que algunos candidatos suben y bajan dependiendo más del cuestionario que del ánimo ciudadano.

Y por si faltaba algo para completar el espectáculo, apareció aquella encuesta que colocaba a María Teresa Guerra prácticamente respirándole en la nuca a Imelda Castro. Aquello fue una bomba política. Pero lo interesante no fue la encuesta. Lo interesante fue la reacción. Las críticas no llegaron desde la oposición. Llegaron desde dentro de Morena. Fueron los propios aspirantes quienes empezaron a cuestionar públicamente esa medición, a burlarse de sus resultados y a poner en duda su credibilidad. Cuando los mismos competidores ya no creen en las encuestas del proceso en el que participan, el problema dejó de ser estadístico. Es político. Porque si una encuesta termina generando más desconfianza que certeza, entonces dejó de cumplir su función. En lugar de medir la opinión pública, empezó a incendiar la grilla interna. Y eso ya no es demoscopia. Eso es gasolina.

Hoy todos traen una encuesta bajo el brazo. El que sale arriba dice que esa sí sirve. El que aparece abajo asegura que está cuchareada. El que desaparece afirma que lo borraron. Y el que paga… curiosamente casi siempre sonríe. Esto ya parece un circo. Nomás falta que cada aspirante llegue a la rueda de prensa acompañado de su encuestador de cabecera para que le levante la mano como referee de box. Lo más grave es que Morena ha repetido una y otra vez que sus candidaturas se definirán mediante encuestas. Perfecto. Entonces las encuestas ya no son simples ejercicios de opinión. Son parte del mecanismo para decidir quién gobernará un estado. Precisamente por eso deberían estar sujetas al mayor nivel de transparencia posible. ¿Quién las paga? ¿Quién diseña el cuestionario? ¿Quién decide los nombres? ¿Por qué unos aparecen y otros desaparecen? ¿Por qué unas empresas incluyen a determinados perfiles y otras no? ¿Por qué no existen criterios públicos para saber cuándo un aspirante puede ser excluido? Porque aquí no estamos hablando de cualquier elección. Estamos hablando del partido que hoy gobierna Sinaloa.

Morena tendría que poner orden. No se trata de prohibir las encuestas, pero sí de dejar muy claro cuáles serán reconocidas dentro del proceso interno y cuáles son simples ejercicios privados. No puede ser que cada tercer día aparezca una empresa distinta con un ganador diferente. No puede ser que cualquiera imprima una gráfica de colores, le ponga un nombre elegante a una empresa, compre difusión en redes sociales y al día siguiente ya ande repartiendo gubernaturas. Si las encuestas van a seguir siendo el método para decidir candidaturas, entonces también deben existir reglas claras, metodologías transparentes y criterios públicos. Porque de lo contrario, el proceso terminará siendo rehén de quien tenga la cartera más grande para pagar la siguiente medición. Las encuestas deberían servir para medir el ánimo ciudadano, no para fabricar candidatos ni para desaparecerlos. Porque cuando un aspirante que durante más de un año apareció entre los punteros desaparece precisamente después de romper políticamente con el grupo dominante; cuando otro pasa de pelear los primeros lugares al sótano político sin una explicación convincente; y cuando una encuesta provoca que los propios aspirantes salgan a descalificarla públicamente, entonces el problema ya no son los números. El problema es la confianza. Porque, según yo… cuando una encuesta deja de medir la realidad para empezar a construirla, deja de ser una encuesta. Se convierte en publicidad. Y cuando la publicidad pretende decidir una candidatura, lo que menos importan son los porcentajes. Lo que importa es quién está pagando la factura. Porque hay cosas que no necesitan pruebas para despertar sospechas; basta con que dejen de sonar lógicas. Y cuando dejan de sonar lógicas… empiezan a sonar metálicas.

Todo esto Según yo… El Goyo 310

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