ANDY: ¿A NOMBRE DE QUIÉN HABLA?CHISPAZO/Felipe Guerrero Bojórquez 

ANDY: ¿A NOMBRE DE QUIÉN HABLA?CHISPAZO/Felipe Guerrero Bojórquez 

La primera pregunta no es por qué Estados Unidos le retiró la visa a Andrés Manuel López Beltrán. Eso tendrá que explicarlo Washington, si decide hacerlo.

La pregunta central es otra:

¿A nombre de quién habla Andy López Beltrán?

Porque una cosa es inconformarse como ciudadano mexicano ante la cancelación de un permiso migratorio y otra muy distinta dirigirse al presidente de Estados Unidos prácticamente como interlocutor de Estado, exigirle explicaciones y hasta sugerirle que destituya al secretario de Estado, Marco Rubio, y al subsecretario Christopher Landau.

La neta: de risa loca y lo que le sigue, aunque no faltará quien le vea facha de “estrategia”. 

¿Por qué en ese papel? ¿Por ser un influyente del régimen? ¿Por ser hijo de un expresidente? ¿O porque considera que el apellido López Obrador constituye por sí mismo una investidura política?

La carta empieza hablando de respeto y enseguida lo dinamita.

Andy califica la decisión de “politiquera”, “propagandística” y “al estilo hitleriano”; habla de “burda y perversa canallada”; acusa a funcionarios estadounidenses de comportarse como “jefes de pandillas”, de espiar, acosar, intervenir, agraviar y actuar bajo intereses corruptos. ¿Quién le escribiría ese panfleto? 

Luego sigue con su retahíla de suya burda y acusa a los altos funcionarios de Washington  de autoritarismo, sectarismo y resentimiento. Y finalmente, como si tuviera un peso político y moral de talla mundial, le recomienda a Donald Trump cambiar de colaboradores.

Curiosa manera de bailar un zapateado sobre la diplomacia, si es que en realidad pretendió eso, atizado por un leño de la buena o por los sabios consejos de esos asesores huachicoleros. 

Pero hay algo todavía que raya en lo absurdo.

López Beltrán asegura que no le causa ningún problema dejar de visitar Estados Unidos, país que describe como decadente, racista, drogadicto, socialmente inconforme y triste.

Si realmente no le importa la visa, entonces ¿por qué semejante metralla de descalificaciones?

¿Por qué elevar una decisión migratoria personal y tratar de convertirla prácticamente, según él, en un diferendo político entre gobiernos?  

Como si Trump ocupara lecciones de moral y de “alta” política internacional y, por lo mismo, se conmoviera  ante los altos preceptos de Estado, a tal grado incluso de convocar  inmediatamente a su gabinete para despedir a Marco Rubio y al resto de su equipo, a parte de cambiar su política migratoria  y pedirle perdón al Andy por las molestias causadas. 

Ya en serio, la carta parece menos destinada a convencer a Trump que a construir anticipadamente una narrativa política en México: si Washington actúa contra Andy, será persecución; si lo señala, será politiquería; si sospecha, será porque Morena no se somete; y si eventualmente surgiera alguna acusación, el terreno de la defensa ya estaría preparado. Según él.

Es, utilizando el viejo refrán mexicano, ponerse el huarache antes de espinarse.

Esto no significa que exista una acusación penal contra López Beltrán. Hasta ahora no conocemos públicamente ninguna que explique la decisión estadounidense y sería irresponsable inventarla.

Pero precisamente por eso resulta desproporcionada la reacción.

Porque en lugar de preguntar serenamente cuáles fueron las razones, Andy prácticamente despotrica y declara culpables a quienes le cancelaron la visa y los acusa de corrupción, autoritarismo, intervencionismo y hasta conductas comparables con el hitlerismo.

La soberbia política suele producir un fenómeno curioso: termina confundiendo el poder heredado con el poder propio.

Andrés Manuel López Beltrán tiene todo el derecho de defenderse, exigir explicaciones y cuestionar decisiones que considere injustas.

Lo que no tiene derecho es a utilizar la investidura de México y, a parte, bajo un lenguaje soez que retrata exactamente sus limitaciones. Si cree que su retahíla es el sustento de una estrategia previsora, sus antecedentes ante los gringos, y ante millones de mexicanos, seguramente  no le alcanzarán  para ponerse a salvo ni para encontrar el respaldo que pretende de antemano. Y si cree que adelantar la nota y la respuesta sofocará lo que hay detrás de la cancelación de su visa, se equivoca. De eso no se escapará ni con otras cien cartas.

Y acaso ahí radique el mayor problema de su carta. No que Andy le haya escrito a Donald Trump. Sino que, después de leerla, queda flotando la idea de que esta misiva la escribió un verdadero y soberano cretino.

¿Quién cree Andy López Beltrán que es?

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