Hay encuestas que parecen mentadas de madre con gráficas.
La publicada por El Financiero deja un mensaje que ni Morena debería echar las campanas al vuelo, ni la oposición debería andar presumiendo que ya viene el cambio. Resulta que el famoso “efecto Rocha” sí pegó. Si antes el movimiento presumía niveles cercanos al 70 por ciento, hoy las preferencias rondan el 49 por ciento. Una caída importante, de esas que hacen que más de uno empiece a buscar culpables en lugar de soluciones. Pero aquí viene lo divertido… Mientras Morena perdió gasolina, la oposición decidió aventar el tanque completo por la ventana. Porque uno pensaría: “si el rival baja veinte puntos, pues ahora sí llegó mi momento”. Pues no.
Los de enfrente andan tan ocupados peleándose entre ellos, viendo quién sale primero en la foto, quién pone al candidato, quién controla el partido y quién se queda con las migajas, que terminaron convirtiendo una oportunidad de oro en una exhibición de desorganización. Es como ver una carrera donde el de adelante se tropieza… y los de atrás prefieren agarrarse a sillazos entre ellos antes que rebasarlo. Así está la cosa. Morena llega golpeado. Pero la oposición llega descompuesta. Y entre un equipo lastimado y otro que todavía anda buscando el balón… pues el marcador sigue favoreciendo al mismo.
La encuesta también manda otro recado que seguramente ya traen varios subrayado con plumón guinda. Dentro de Morena, quien aparece mejor posicionada es Imelda Castro. No significa que la candidatura esté decidida, porque todavía falta mucho camino, pero cuando una encuesta nacional empieza a colocar un nombre arriba de los demás, más de uno empieza a sacar la calculadora… y otros hasta el antiácido. Porque en política las encuestas no siempre eligen candidatos… pero sí provocan muchas gastritis.
Y aquí es donde viene la parte que más duele. No es que Morena esté viviendo su mejor momento. Está claro que el desgaste existe. Gobernar cobra factura, los errores pesan, las polémicas pasan la cuenta y la ciudadanía cada vez exige más. Eso es normal. Lo que no es normal es que enfrente haya una oposición que parece empeñada en desperdiciar cada regalo que le pone la política enfrente. Imagínese un partido de futbol. El portero rival se resbala. La portería queda sola. Y el delantero decide ponerse a discutir con su compañero por ver quién tira el penal. Así de absurdo. Así se ha visto la oposición en Sinaloa.
Mientras unos siguen soñando con alianzas que nadie termina de entender, otros siguen convencidos de que con tres publicaciones en Facebook y una conferencia de prensa ya hicieron campaña. Pareciera que algunos creen que los votos se cosechan con comunicados. Y la realidad es otra. Las elecciones se ganan con estructura. Con operación. Con organización. Con gente caminando las colonias cuando no hay cámaras. Con liderazgos que conozcan el territorio y no solamente el filtro de Instagram. Y en eso, guste o no, Morena sigue teniendo ventaja.
Por eso la encuesta termina siendo más preocupante para la oposición que para el propio partido en el poder. Porque si con todo el desgaste que carga Morena sigue encabezando las preferencias… la pregunta no es qué tan mal está Morena. La pregunta es… ¿Qué tan mal estará la oposición? Porque para ir perdiendo contra un rival que ya perdió más de veinte puntos… hay que echarle muchas ganas. Eso ya no es mala suerte. Eso es vocación.
Y mientras unos siguen viendo cómo se reparten candidaturas que todavía ni existen, la ciudadanía sigue esperando propuestas. Porque la gente ya se cansó de escuchar que “ahora sí viene el cambio”. Lo que quiere saber es cuál cambio. Con quién. Cómo. Y para qué. Hasta ahorita, la única estrategia visible de algunos opositores ha sido esperar que Morena se desgaste solo. Como si las elecciones se ganaran por cansancio del rival. No. Las elecciones se ganan convenciendo. Y convencer requiere trabajo. No berrinches.
También hay que decirlo. Dentro de Morena seguramente más de uno amaneció sonriendo al ver que Imelda Castro aparece como la figura mejor posicionada en esta medición. Y también, seguramente, más de dos amanecieron buscando explicaciones. Porque en política las encuestas tienen un extraño efecto. Al que sale arriba le empiezan a llover amigos. Y al que sale abajo hasta el saludo le regatean. Así ha sido siempre.
Pero cuidado. Porque una encuesta es apenas una fotografía del momento. No es el resultado final. Falta mucho camino. Faltan definiciones. Faltan alianzas. Faltan campañas. Y sobre todo… faltan errores. Porque si algo ha demostrado la política mexicana es que hay quienes son capaces de perder una elección que ya tenían ganada. Y también hay quienes logran ganar una que parecía imposible. Por eso nadie debería sentirse gobernador desde ahorita. Ni nadie debería darse por muerto. Aunque, siendo sinceros… hay algunos partidos que parecen hacer hasta lo imposible por llegar solos al panteón político.
En conclusión, la encuesta deja una enseñanza muy sencilla. Morena ya no se ve tan invencible como hace algunos meses. Pero la oposición tampoco se ve preparada para aprovechar ese desgaste. Y mientras unos administran sus errores… los otros administran sus pleitos. Así que, si hoy hubiera que entregar un premio, no sería al que mejor campaña hace. Sería al que menos se tropieza. Y hasta este momento, por increíble que parezca, Morena sigue ganando un partido en el que hace rato dejó de jugar bien… simplemente porque los de enfrente siguen empeñados en meter autogoles.
Y eso, aunque suene a chiste…
Es la parte más seria de toda la encuesta.
Todo esto Según yo… el Goyo 310.

