La farsa la superioridad, llegó a su fin.Por: Enrique Corrales

La farsa la superioridad, llegó a su fin.Por: Enrique Corrales

Por años, el oficialismo nos vendió una idea sencilla: ellos eran los “buenos” y los demás, los “corruptos”. Se autoproclamaron poseedores de una superioridad moral que les servía ante cualquier escándalo. No importaba el desfalco en Segalmex, los negocios de los hijos del poder o las obras que hacían agua; mientras ellos repitieran que eran distintos, una gran parte de la sociedad les creía. Pero hoy, ese blindaje ha colapsado. La verdad es que esa superioridad moral nunca existió.
Giovanni Sartori, nos advertía que la política basada solo en emociones tiene fecha de caducidad. Cuando el gobierno le pide a la gente que ignore la realidad —lo que ve en las noticias, lo que sufre en las calles— para seguir creyendo en una narrativa de “pureza”, tarde o temprano la burbuja estalla. Eso es precisamente lo que estamos viendo hoy. La gente ya no compra el discurso porque el contraste entre lo que dicen y lo que Estados Unidos está revelando es simplemente demasiado preocupante.
La próxima llegada de altos funcionarios de seguridad de Estados Unidos a nuestro país no es una visita de cortesía. No vienen a tomarse fotos ni a intercambiar diplomacia; vienen a ejercer presión. Es, en términos claros, una inspección de facto. Cuando Washington envía a sus encargados de seguridad nacional, es porque han perdido la paciencia con un gobierno que, en lugar de limpiar su propia casa, se ha dedicado a proteger a figuras como Rubén Rocha Moya.
El gobierno de la presidenta Sheinbaum está frente a un callejón sin salida. Han intentado usar la palabra “soberanía” como un escondite para la impunidad, pero el mundo real funciona de otra manera: no puedes ser un socio comercial confiable mientras proteges a quienes tienen vínculos con el narcotráfico. Al insistir en encubrir a los suyos, han dejado de ser los dueños de su propio destino y han entregado la llave de la estabilidad nacional a las autoridades estadounidenses.
Lo que viene no es un secreto, es una crónica de una caída anunciada. Se les acabó el tiempo de las ocurrencias y las mañaneras como refugio. La marca Morena ya no es la aplanadora invencible; hoy es un grupo a la defensiva que ve cómo su gran estandarte —la honestidad— se desmorona ante la evidencia. Ya no hay más velo que cubra la realidad. La superioridad moral, esa que dijeron tener, se ha revelado como el mayor engaño de nuestra historia reciente. El tiempo de las palabras épicas se terminó; estamos entrando, por fin, en el tiempo de las consecuencias.

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