La “gobernador”A… el circo perfecto de una clase política que ya vive en campaña permanente

La “gobernador”A… el circo perfecto de una clase política que ya vive en campaña permanente

Hay algo peor que un político en campaña: un político haciendo campaña con recursos públicos, desde tribuna y disfrazando sus ambiciones personales de “causas históricas”. Y justamente eso es lo que hoy volveremos a ver en el Congreso de Sinaloa con el regreso del debate sobre la “gobernador”A.
Porque no nos hagamos pendejos, aquí nunca se trató de lenguaje inclusivo ni de dignificar el cargo. Esto siempre fue política pura, cálculo, futurismo y grilla barata disfrazada de avance social.
Hace un año, cuando Serapio presentó aquella iniciativa, el Congreso parecía cantina en hora feliz. Tribunas llenas de discursos inflados, diputados queriendo lucirse para las cámaras y una narrativa completamente armada para beneficiar políticamente a Imelda Castro. Todo mundo lo entendió desde el primer minuto. Por eso el rechazo fue inmediato. Porque aquello no era prioridad para nadie más que para los grupos que ya andaban en campaña adelantada.
Y sí, porque el Congreso de Sinaloa hace mucho dejó de ser solamente un espacio legislativo. Hoy funciona como casa de campaña permanente. Ahí todos andan placeándose, midiendo aplausos, lanzando mensajes, cuidando padrinos políticos y tratando de quedar bien rumbo al futuro. Lo hacen todos. Oficialismo, oposición y los que brincan de un lado a otro dependiendo quién les garantice hueso.
Pero curiosamente, en aquel momento esa campaña disfrazada sí incomodó dentro del Gobierno del Estado.
¿Por qué?
Porque la orden fue frenarla.
Y esa operación salió desde donde realmente se movía la política estatal: la Secretaría General de Gobierno encabezada entonces por Yeraldine Bonilla.
Porque aunque hoy algunos quieran fingir que no pasó, la realidad es que desde Gobierno entendieron perfectamente que la iniciativa tenía un tufo político descarado y que Serapio estaba utilizando la tribuna para hacerle campaña adelantada a Imelda Castro mientras el estado empezaba a llenarse de problemas mucho más graves.
Y ahí vino el frenón.
Las propias diputadas le bajaron la cortina al tema. Le pusieron pausa. Le metieron hielo. Porque sabían que el costo político podía ser enorme.
Y tenían razón.
Porque mientras el Congreso jugaba a cambiar letras, Sinaloa empezaba a hundirse en una crisis real. La violencia creciendo, negocios cerrando, inversiones frenadas, empresarios preocupados y ciudadanos viviendo con miedo. Pero en el Legislativo parecía más importante discutir una vocal que discutir cómo rescatar un estado que comenzaba a incendiarse.
Lo más irónico es ver cómo hoy muchos de esos mismos personajes ya cambiaron completamente el discurso.
Ahora sí les parece urgente. Ahora sí les parece histórico. Ahora sí aplauden. Ahora sí levantan la mano felices.
¿Por qué?
Porque cambió el tablero político.
Porque hoy Yeraldine Bonilla es gobernadora interina y entonces lo que antes representaba un riesgo político ahora se convirtió en algo conveniente para varios grupos. Así funciona la política sinaloense: las convicciones duran exactamente lo que duran los intereses.
Y mientras tanto Serapio terminará consiguiendo lo que quería desde el principio: reflector, protagonismo y la posibilidad de venderse como el gran impulsor de una causa que él mismo contaminó de política desde el primer día.
Pero el problema de fondo sigue siendo el mismo.
El Congreso de Sinaloa vive atrapado en el espectáculo.
Hace apenas unos días desperdiciaron diez minutos completos de tribuna en silencio absoluto. Diez minutos donde pudieron hablar de seguridad, de inversión, de desaparecidos, de economía, de empleo o del miedo con el que vive mucha gente todos los días. Pero no. Prefirieron el simbolismo barato, el show y la pose política.
Porque eso deja likes. Eso genera titulares. Eso acomoda grupos. Eso sirve para campañas.
Mientras tanto, la realidad afuera sigue siendo mucho más dura que cualquier discurso de tribuna.
A la gente le vale madre la “A”. La gente quiere vivir tranquila. Quiere trabajar. Quiere abrir un negocio sin miedo. Quiere salir de noche sin sentir que algo puede pasar. Quiere que sus hijos tengan futuro.
Pero nuestros diputados siguen jugando al TikTok legislativo mientras Sinaloa se cae a pedazos.
Y eso sí debería ser motivo de vergüenza nacional.
Porque mientras los diputados preparan discursos para pelearse por palabras, hay colonias completas donde la gente ya vive con la rutina del miedo. Comerciantes que bajan cortinas temprano no por estrategia de negocio, sino por precaución. Familias que aprendieron a no salir de noche. Jóvenes que crecieron viendo cómo la política sinaloense promete mucho y resuelve poco.
Pero adentro del Congreso parece que viven otra realidad.
Una realidad donde importa más el aplauso del grupo político que el resultado para la ciudadanía. Una realidad donde la tribuna ya no se usa para legislar, sino para mandar señales rumbo al 2027. Una realidad donde muchos diputados creen que hacer política es grabar TikToks, subir frases a Facebook y fingir indignación selectiva dependiendo de quién les marque línea.
Porque aquí nadie es ingenuo.
Todos saben que esta discusión de la “gobernador”A jamás habría regresado si políticamente no fuera útil en este momento. Todos saben que si el tablero político fuera distinto, la iniciativa seguiría congelada guardando polvo en algún escritorio legislativo.
Así funciona la política local.
Hoy se pelean por una letra. Mañana se abrazan si les conviene. Hoy dicen que algo es absurdo. Mañana lo llaman histórico si les da rentabilidad política.
Y mientras ellos juegan al acomodo de grupos, el ciudadano sigue completamente abandonado.
Porque hay algo todavía más ofensivo que el debate en sí: la desconexión absoluta que tienen con la calle.
El sinaloense común no se despierta pensando en si debe decirse gobernador o gobernadora. Se despierta pensando cómo sacar adelante a su familia. Cómo mantener abierto su negocio. Cómo pagar la nómina. Cómo evitar que sus hijos vivan atrapados en la incertidumbre.
Pero en el Congreso parecen más interesados en construir candidaturas futuras que en resolver problemas presentes.
Y Serapio, fiel a su estilo, terminará vendiendo esto como una victoria personal. Hará declaraciones, seguramente sonreirá frente a cámaras y se sentirá protagonista de una discusión que él mismo convirtió en espectáculo político desde el día uno.
Porque si algo sobra hoy en la política sinaloense son protagonistas. Lo que falta son estadistas.
Lo que falta es gente que entienda que el hartazgo social ya no viene solamente de los errores, sino de la frivolidad con la que se toman los problemas públicos.
Porque mientras Sinaloa atraviesa momentos delicados, ellos siguen atrapados en el juego del reflector, las campañas eternas y las ocurrencias legislativas.
Y ahí está el verdadero problema: No la “A”. No la palabra. No la narrativa.

El verdadero problema es que el Congreso parece haber olvidado para qué existe.

DesdeLaCochera

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *