El PRI queriendo jugar a salvador después de incendiar la casa
Si algo está quedando claro en la política mexicana es que la verdadera oposición nunca estuvo en los partidos tradicionales. Mucho menos en el Partido Revolucionario Institucional. Porque para ser oposición primero tendrías que tener calidad moral para señalar lo que hoy criticas. Y sinceramente, el PRI hace muchos años perdió esa autoridad.
Hoy resulta hasta grotesco mirar a priistas rasgándose las vestiduras y gritando “corrupción” contra Morena. Dan ganas de preguntarles si no se muerden la lengua al hablar. Porque el desastre que vive México no nació hace ocho años. La violencia, la corrupción, el saqueo institucional, la pobreza y la podredumbre política fueron sembradas durante décadas por gobiernos priistas que convirtieron el poder en un negocio familiar.
Morena podrá haber empeorado muchas cosas, claro que sí. Pero no inventemos cuentos. El PRI fue quien construyó el cochinero.
Y ahora quieren lavarse las manos como si nunca hubieran gobernado.
Lo más cínico es ver cómo algunos priistas hoy se presentan como defensores de las instituciones, de la democracia y hasta de la honestidad pública. ¿En serio? ¿El partido que durante décadas utilizó gobiernos estatales como cajas chicas? ¿El partido que perfeccionó el dedazo, el amiguismo, el control mediático y el uso electoral de la pobreza? Parece chiste, pero no lo es.
Y todavía se indignan porque mucha gente ya no les cree.
Pero hay algo todavía más ridículo. Hoy los priistas acusan de chapulines, traidores e incongruentes a muchos políticos que antes eran sus compañeros, sus candidatos y hasta sus protegidos. Los mismos personajes que hace años presumían en espectaculares, hoy les parecen lo peor de la política nacional.
Eso demuestra que el problema nunca fue moral.
El problema siempre fue perder el poder.
Porque mientras esos personajes les ayudaban a ganar elecciones eran “grandes cuadros”. Eran “jóvenes promesas”. Eran “liderazgos importantes”. Pero apenas brincaron a Morena, entonces sí se convirtieron mágicamente en corruptos, oportunistas y destructores del país.
No hombre… qué conveniente memoria.
Y ahí queda claro que la supuesta oposición mexicana no tiene proyecto de nación. Tiene puro resentimiento político. El PRI no está indignado porque México esté mal. Está indignado porque ya no son ellos quienes administran el poder.
Esa es la verdadera herida.
Por eso da risa cuando intentan hablarle al pueblo como si fueran ciudadanos comunes indignados. Ellos fueron gobierno durante décadas. Ellos tomaron decisiones. Ellos construyeron el sistema que hoy dicen combatir. Ellos normalizaron la corrupción, el influyentismo y la desigualdad brutal que terminó explotándole al país en la cara.
Y aun así tienen el descaro de posar como si fueran resistencia democrática.
Lo peor para el PRI es que la gente ya empezó a entender algo muy peligroso para ellos. Morena no salió de otro planeta. Morena salió del mismo sistema político podrido que el PRI ayudó a construir. Muchos de los operadores más importantes de Morena fueron priistas. Aprendieron las mañas ahí. Aprendieron el control político ahí. Aprendieron el uso del poder ahí.
Por eso cuando el PRI critica ciertas prácticas de Morena, pareciera que están viendo un espejo.
Porque en el fondo les duele algo todavía más humillante. Morena les robó no solo el poder… también les robó las mañas.
Y mientras los priistas intentan venderse como la alternativa moral del país, la ciudadanía cada vez los observa con más incredulidad. Porque una cosa es estar decepcionado de Morena y otra muy distinta querer regresar con quienes ayudaron a destruir la confianza pública durante generaciones enteras.
Ahí está el gran problema del PRI.
La gente podrá estar molesta con Morena, pero eso no significa automáticamente que olvidó todo lo que hizo el viejo régimen.
Y por más discursos reciclados que saquen, por más conferencias dramáticas o intentos desesperados de jugar a la oposición heroica, hay algo que no pueden borrar.
El país que hoy tanto critican también lleva su firma.
Desde la cochera
