Mariscos Reginos, más que un restaurante, un símbolo de Culiacán…..EL TÁBANO Por Ismael Checa Landeros.

Mariscos Reginos, más que un restaurante, un símbolo de Culiacán…..EL TÁBANO Por Ismael Checa Landeros.

Hablar de Culiacán es también hablar de sus personajes; de hombres y mujeres que, sin necesidad de ocupar cargos públicos ni aparecer todos los días en los reflectores, terminan convirtiéndose en parte de la memoria colectiva de nuestra ciudad. Uno de ellos, sin duda, es don Guadalupe Regino Navarro Irízar, mejor conocido simplemente como “Regino”, un hombre que con trabajo, ingenio y sencillez logró construir un nombre respetado y querido por generaciones enteras de culiacanenses.

Allá por los años ochenta, cuando iniciábamos la militancia en las juventudes del PRI —ya llovió, dirían muchos—, era casi una tradición acudir a los famosos Mariscos Reginos, ubicados en la esquina de la calle Rubí y el bulevar Francisco I. Madero. Aquel lugar no solo ofrecía buenos platillos; ofrecía amistad, conversación y el trato cálido de un hombre que siempre tenía una sonrisa para quienes llegaban buscando un plato de comida y un momento agradable.

Hablar de Regino es recordar también a aquel estudiante brillante de la emblemática primaria “Tipo”, la famosa “8”, donde destacaba por sus excelentes calificaciones y por una inteligencia que desde joven dejaba claro que estaba destinado a emprender. Y así fue. Su visión lo llevó a participar en la creación de la Unión de Revistas de Culiacán, además de convertirse en uno de los pioneros en la venta de mariscos en carretas con estacionamiento, algo innovador para su época en la capital sinaloense.

Pero si algo quedó grabado en la memoria de muchos fueron aquellas inolvidables tortas horneadas de pierna en trozos. ¡Qué delicia! Quienes formábamos parte del Frente Juvenil Revolucionario en aquellos años sabemos perfectamente de lo que hablo. Más de una vez llegábamos con poco dinero en la bolsa, pero nunca faltó el gesto generoso de Regino; siempre encontraba la manera de atendernos y hacer que saliéramos satisfechos. Esa ha sido una de sus mayores virtudes; la sensibilidad humana.

Porque Regino no solo ha sido un comerciante exitoso; ha sido un hombre luchón, emprendedor, solidario y con una enorme capacidad para conectar con la gente. Dueño de una memoria impresionante, capaz de conversar lo mismo sobre política, salud, historia o literatura. Los libros que han pasado por sus manos los recuerda con precisión admirable, describiendo autores, pasajes y enseñanzas sin titubear. Y, por supuesto, nunca faltan las anécdotas de juventud, esas que convierten una charla común en una verdadera lección de vida.

Hace unos días, incluso, me sorprendió descubrir otra faceta suya; la de poeta. Y lo digo sinceramente, porque quienes lo conocemos desde hace décadas no imaginábamos esa sensibilidad reflejada en palabras tan profundas como estas:

“Quisiera que mi vida consistiese únicamente en conducir mi bicicleta contigo, montaña abajo sin parar mientras escuchamos música, en medio de la nada, sin nadie alrededor excepto unas pocas luces parpadeantes y tranquilas sobre el cielo… parecidas a las estrellas”.

Así es Regino; un hombre que ha sabido vivir intensamente, pero también reflexionar y sentir. Un sinaloense auténtico, de esos que dejan huella sin proponérselo. Por eso hoy quise dedicarle estas líneas; porque ejemplos de tenacidad, trabajo y humanidad como el suyo son los que necesita Sinaloa para reconstruirse y volver a creer en sí mismo.

P.D. Nos vemos en la próxima entrega.

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