Morena quiere un INE a modo… pero disfrazado de moral

Morena quiere un INE a modo… pero disfrazado de moral

Ahora resulta que el gobierno quiere decidir quién tiene derecho moral de competir y quién no. Así de peligroso está el asunto aunque lo quieran vender envuelto en papel de “integridad democrática”. La nueva ocurrencia de crear una comisión dentro del INE para revisar si los aspirantes tienen “riesgo razonable” de vínculos con el crimen organizado no solamente abre la puerta al abuso político, también exhibe una hipocresía monumental de quienes durante años defendieron candidatos impresentables mientras les daban abrazos políticos porque daban votos.

Porque aquí el problema no es combatir al narco. Claro que el país está infiltrado. Claro que existen alcaldes, diputados, policías y funcionarios ligados al crimen. Eso lo sabe cualquier mexicano que no viva encerrado en una mañanera. El problema es quién va a decidir quién es sospechoso y bajo qué criterio.

Y ahí es donde empieza el cochinero.

Porque no están hablando de sentencias. Ni de investigaciones concluidas. Ni siquiera de pruebas. Hablan de “riesgo razonable”. O sea prácticamente una sospecha con membrete institucional. Una frase tan ambigua que sirve para todo. Para tumbar candidatos incómodos. Para sembrar dudas. Para operar campañas negras desde el poder. Para destruir reputaciones sin necesidad de demostrar absolutamente nada.

Y no nos hagamos pendejos, todos saben cómo funciona la política mexicana.

Aquí el expediente aparece cuando alguien empieza a crecer. Aquí las filtraciones salen cuando un candidato se vuelve peligroso. Aquí las fiscalías tienen timing electoral más perfecto que los coordinadores de campaña. Y ahora quieren darle al sistema una comisión oficial para decidir quién huele sospechoso y quién milagrosamente sí pasa el filtro aunque todo el pueblo sepa cómo llegó al poder.

Porque esa es la parte más cínica de todo este asunto.

Los mismos que hoy hablan de limpiar candidaturas son los que hace apenas unos años gritaban que cualquier acusación era guerra sucia. Antes pedían pruebas. Antes exigían respeto al debido proceso. Antes decían que los señalamientos eran ataques de la mafia del poder. Pero ahora que ellos tienen el control de las instituciones resulta que las sospechas ya son suficientes.

Qué rápido cambia la moral cuando el garrote lo tienes tú.

Y además esto tiene otro fondo todavía más perverso. El 2027 ya empezó aunque quieran fingir que no. Todos los grupos políticos ya traen candidatos moviéndose, operando, creciendo y haciendo estructura. Morena lo sabe. La oposición también. Y una comisión de este tipo puede convertirse en la herramienta perfecta para dinamitar perfiles antes de que siquiera lleguen a campaña.

Porque basta con sembrar la duda.

En México no necesitas demostrar nada para destruir políticamente a alguien. Basta con que el nombre quede embarrado. Basta un “presunto vínculo”. Basta una filtración. Basta un informe ambiguo. Y mientras el acusado intenta defenderse, ya le reventaron la candidatura, la reputación y hasta la familia.

Lo más chistoso es que si esta iniciativa se aplicara con verdadera honestidad, probablemente Morena sería el primero en quedarse sin candidatos competitivos en varios estados. Y no nomás Morena. PRI, PAN, Movimiento Ciudadano, Verde y todos los partidos que llevan décadas reciclando políticos señalados. Porque en este país las acusaciones de nexos criminales son prácticamente parte del currículum electoral.

Entonces esto no parece una estrategia de limpieza política. Parece más bien un arma preventiva para controlar el tablero rumbo a las elecciones.

Un INE convertido en detector selectivo de sospechosos.

Un circo donde los mismos políticos se acusarán entre sí de narcos mientras cada grupo asegura que los únicos santos curiosamente son los de su propia nómina.

Y cuidado, porque jugarle a la pureza en México puede terminar en suicidio político colectivo. Si realmente aplicaran la vara pareja, el sistema completo se derrumba encima de todos. Gobernadores, senadores, alcaldes, operadores y hasta uno que otro iluminado de escritorio que hoy se siente intocable.

Porque la realidad es una sola. En este país no hay partido limpio. Lo único que cambia es quién tiene el poder para esconder mejor la basura.

Desde la cochera.

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