Morena y el riesgo de abaratar la sucesión. Por: Jesús Alfonso Durán

Morena y el riesgo de abaratar la sucesión. Por: Jesús Alfonso Durán

Terminó el Mundial de Futbol y con él la efervescencia que, durante varias semanas, envolvió a millones de mexicanos. Poco a poco regresamos a la normalidad, pero esa pasión futbolera me hizo recordar un viejo debate que durante años ocupó mesas de análisis, programas deportivos y conversaciones entre aficionados.

En más de una ocasión se cuestionó el llamado a la Selección Nacional de jóvenes que apenas habían debutado en Primera División. Futbolistas con apenas cinco o seis partidos en el máximo circuito ya vestían la camiseta del representativo nacional, no necesariamente por una trayectoria consolidada, sino porque contaban con representantes influyentes y cercanos a quienes tomaban las decisiones. En aquel entonces se repetía una frase: se estaba abaratando el llegar a la máxima representación del futbol mexicano.

Guardando las debidas proporciones, hoy esa reflexión viene a mi mente al observar el proceso interno de Morena en Sinaloa.

Es innegable que dentro del movimiento existen perfiles con una trayectoria sólida. Mujeres y hombres que han dedicado décadas a las luchas de izquierda, a las causas sociales y a la construcción política; personajes que han presidido juntas de coordinación política, coordinado bancadas legislativas, encabezado gobiernos municipales, ocupado posiciones estratégicas en la administración pública y construido una carrera basada en el trabajo y la militancia.

Sin embargo, también observamos perfiles que, hasta hace muy poco, eran prácticamente desconocidos en la vida política estatal. Personajes que hoy aparecen como aspirantes gracias a que cuentan con el respaldo de quienes actualmente ejercen el poder político en Sinaloa. Tras las circunstancias que dejaron fuera de la contienda a los dos principales aspirantes de ese grupo, estos nuevos actores emergieron como opción, registrándose con el apoyo de quienes buscan mantenerse vigentes en la sucesión.

La analogía con el futbol parece inevitable. Así como antes se cuestionaba la convocatoria de jugadores con escasa trayectoria, pero con representantes poderosos, hoy también puede cuestionarse un proceso político donde algunos perfiles parecen avanzar más por sus padrinazgos que por su historia de lucha o sus méritos.

No se trata de descalificar a nadie en lo personal. Lo que está en juego es la credibilidad de un proceso que debe privilegiar la trayectoria, la capacidad y el compromiso con los principios que dieron origen al movimiento, por encima de las coyunturas o de los grupos de poder.

Morena todavía está a tiempo de enviar un mensaje de congruencia. Si aspira a mantener la confianza de la ciudadanía, debería apostar por un perfil con auténtica trayectoria en la izquierda, con trabajo partidista, experiencia de gobierno y compromiso probado con las causas sociales.

Desde mi punto de vista, Morena sigue siendo favorito rumbo a la elección de 2027. Sin embargo, sería un error caer en la soberbia y asumir que la victoria está garantizada. La oposición ha quedado a deber hasta ahora, pero si logra organizarse, construir una propuesta seria y conectar con el electorado, puede convertir la elección en una competencia mucho más cerrada de lo que algunos imaginan.

En política, como en el futbol, los representantes pueden abrir puertas. Pero son la trayectoria, los resultados y el respaldo ciudadano los que terminan definiendo la verdadera legitimidad de quienes aspiran a gobernar.

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