¡NO HAY JERINGAS, NO HAY ALCOHOL, PERO SÍ HAY CORRUPCIÓN! EL GRITO DE LOS TRABAJADORES DEL IMSS QUE INCOMODA A LOS DE ARRIBA

¡NO HAY JERINGAS, NO HAY ALCOHOL, PERO SÍ HAY CORRUPCIÓN! EL GRITO DE LOS TRABAJADORES DEL IMSS QUE INCOMODA A LOS DE ARRIBA

¡No te vayas a enfermar porque no hay material! Así de cabrona está la cosa en el Seguro Social. Y lo más preocupante es que ya no son solamente los derechohabientes quienes se quejan, ahora son los propios trabajadores los que salieron a las calles a exhibir las carencias de una institución que, según los discursos oficiales, avanza hacia un sistema de salud cada vez mejor. ¡Hágame usted el rechinado favor! Mientras unos presumen hospitales, inversiones y modernización, otros andan buscando jeringas, alcohol y medicamentos para poder atender a los enfermos. Parece chiste, pero de esos que no dan risa porque el que termina pagando las consecuencias puede ser cualquiera de nosotros.

En Ciudad Obregón, Sonora, los trabajadores soltaron una frase que debería provocarles agruras a más de cuatro funcionarios. “No hay jeringas, no hay alcohol, pero sí hay corrupción”. ¡Sopas, perico! Y no lo dijo un dirigente de oposición buscando reflectores, lo gritaron personas que trabajan dentro de la institución. Claro, la corrupción se tiene que investigar y demostrar, pero tampoco se puede ignorar el tamaño del reclamo. Porque si quienes están encargados de atender a los pacientes denuncian que no tienen materiales básicos, alguien tendría que estar dando explicaciones y no precisamente organizando otra conferencia para presumir lo maravilloso que funciona todo.

En Culiacán también se levantó la voz. Trabajadores denunciaron saturación hospitalaria, falta de personal, medicamentos e insumos. Algunos aseguran que hasta de su propia bolsa han tenido que comprar materiales para cumplir con su trabajo. ¡No chinguen! ¿Qué sigue? ¿Que los bomberos compren el agua para apagar incendios? ¿Que los maestros lleven los pupitres? ¿O que los derechohabientes lleguemos al hospital con nuestra jeringa, algodón, alcohol y, por si las dudas, un médico de confianza? Al paso que vamos, cualquier día nos pedirán llevar hasta la cama para no incomodar al presupuesto.

Y mire que no hablo solamente por lo que he leído o escuchado. Me ha tocado conocer un hospital desde una cama, depender de médicos y enfermeras, esperar resultados y entender que cuando la salud se complica, cualquier minuto puede convertirse en una eternidad. Por eso sé que dentro del IMSS hay trabajadores extraordinarios que hacen mucho más de lo que les corresponde, aunque también existen deficiencias y malos servidores públicos, como en cualquier institución. Pero una cosa es exigirles que hagan bien su trabajo y otra muy distinta pedirles milagros cuando no cuentan con las herramientas necesarias.

Ahora viene otro asunto que también tiene su buena dosis de cinismo. Los trabajadores inconformes rechazan el incremento salarial del 2.9 por ciento y exigen el 10 por ciento, además de mejores condiciones laborales y cambios en materia de pensiones. Y mientras tanto, los dirigentes sindicales tienen que explicar por qué una parte de sus representados terminó manifestándose en las calles. Porque para cobrar cuotas, firmar acuerdos y salir sonrientes en las fotografías siempre hay disposición. Lo complicado es convencer a una enfermera que lleva horas trabajando de que sus condiciones laborales son maravillosas.

Y aquí tampoco hay que hacerse pendejos. El deterioro del sistema de salud no nació ayer. Pasaron gobiernos del PRI, del PAN y ahora de Morena, y todos encontraron la manera de prometer que las cosas mejorarían. Pero a quienes actualmente gobiernan les corresponde responder por lo que sucede hoy. Morena prometió transformar la salud pública, combatir la corrupción y garantizar atención digna. Muy bien, pues entonces que se note. Porque después de tantos años ya resulta bastante cómodo seguir culpando a los anteriores mientras los pacientes continúan esperando medicamentos y los trabajadores salen a protestar por materiales elementales.

Lo más delicado es que detrás de cada denuncia hay un ciudadano que paga sus cuotas y espera recibir atención médica. Ese trabajador que se levanta temprano, cumple con sus obligaciones y cuando se enferma descubre que conseguir una cita puede ser una odisea. Y si no encuentra medicamentos, tiene que comprarlos; si necesita un estudio urgente, muchas veces busca hacerlo por fuera. Mientras tanto, los funcionarios siguen hablando de estadísticas, presupuestos y grandes proyectos. Oiga, pues qué bueno que tengan tantos números, pero sería mucho mejor que también hubiera suficientes jeringas.

Y antes de que alguien salga a defender lo indefendible, tampoco se trata de asegurar que todo el IMSS funciona mal ni de dar por demostradas las acusaciones de corrupción. Se trata de exigir que las autoridades investiguen, expliquen y corrijan. Si hay desabasto, que digan por qué. Si faltan trabajadores, que presenten soluciones. Si existen irregularidades, que se investiguen. Porque para organizar mesas de diálogo somos campeones mundiales. Protestan los médicos, mesa de diálogo. Reclaman los pacientes, mesa de diálogo. Faltan medicamentos, otra mesa de diálogo. ¡Carajo! Al paso que vamos, va a haber más mesas que jeringas en los hospitales.

Lo que sí deberían entender quienes administran el Seguro Social es que la salud no admite tantas excusas. Un enfermo no puede esperar a que termine una negociación sindical, una licitación o una reunión de funcionarios. Y menos cuando se trata de personas que dependen de la atención pública porque no tienen dinero para pagar un hospital privado. Ahí es donde se mide realmente la eficiencia de una institución, no en las ceremonias, los discursos ni las fotografías donde todo mundo aparece sonriendo.

Por cierto, no estaría mal que algún alto funcionario hiciera una visita sorpresa a los hospitales. Pero sorpresa de verdad, sin avisar para que pinten las paredes, acomoden los pasillos y escondan lo que no quieren que se vea. Que llegue como cualquier derechohabiente, espere su turno y escuche a los trabajadores sin que esté presente el jefe inmediato. A lo mejor descubre que la realidad es bastante distinta de la que le presentan en sus reuniones.

Porque lo verdaderamente grave no es que los trabajadores estén protestando. Lo grave es que tengan que salir a las calles para exigir condiciones que deberían estar garantizadas desde hace muchos años. Y cuando quienes están encargados de cuidar nuestra salud comienzan a denunciar que no tienen con qué trabajar, el problema ya dejó de ser solamente laboral.

Aunque conociendo cómo se las gastan algunos burócratas, no me extrañaría que después de estas manifestaciones anuncien una comisión especial para investigar por qué faltan jeringas. Eso sí, con presidente, secretario, asesores, viáticos y presupuesto para reuniones.

Y las pinches jeringas, bien gracias.

Todo esto según yo, el Goyo310.

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