Óscar Valdez, de los que no abandonan el barco…. EL TÁBANO Por Ismael Checa Landeros.

Óscar Valdez, de los que no abandonan el barco…. EL TÁBANO Por Ismael Checa Landeros.

En la política hay muchas cosas que terminan alejando a la gente de sus representantes. Una de ellas, quizá de las que más molestan a la ciudadanía, es ver cómo algunos políticos cambian de camiseta con una facilidad sorprendente. Hoy militan en un partido, mañana aparecen en otro y pasado mañana ya están jurando lealtad a una nueva causa. Todo depende de dónde soplen los vientos del poder.

Por eso, cuando aparece una figura que actúa de manera distinta, vale la pena detenerse a observarla. Ese es el caso de Óscar Javier Valdez López, mejor conocido como Óscar Valdez, un político que ha decidido mantenerse firme en el partido donde milita, aun en los momentos más complicados para su organización.

Y es precisamente en los tiempos difíciles cuando se conoce el verdadero carácter de las personas. Mientras el PRI enfrentaba derrotas electorales, crisis internas y una evidente pérdida de espacios políticos, muchos de sus cuadros más visibles optaron por buscar refugio en otros partidos. Algunos encontraron cargos administrativos, otros candidaturas y varios más descubrieron nuevas convicciones políticas de la noche a la mañana.

Lo curioso es que muchos de ellos eran contemporáneos, amigos y compañeros de generación de Óscar Valdez. Sin embargo, él tomó una ruta distinta. No abandonó el barco cuando comenzó a entrar agua. No buscó acomodo en otra organización ni se sumó a la moda política del momento. Decidió quedarse, trabajar y seguir construyendo dentro de su partido, aun cuando hacerlo parecía poco rentable políticamente.

Esa actitud, guste o no el PRI, merece una reflexión. Porque la congruencia es una virtud cada vez más escasa en la política mexicana. Los ciudadanos están cansados de escuchar discursos sobre principios e ideales para después ver a los mismos personajes aparecer bajo distintos colores partidistas según les convenga.

Los viejos de mi pueblo solían decir que los hombres leales valen más cuando llegan los tiempos difíciles. Y algo de razón tenían. La lealtad no significa obedecer ciegamente ni dejar de señalar errores; significa mantenerse firme cuando llegan las tormentas y no solamente cuando hay bonanza.

Hace unos días, platicando de política y de los cuadros que aún conserva el PRI, salió varias veces el nombre de Óscar Valdez. No porque sea perfecto ni porque tenga garantizado un futuro político, sino porque pertenece a una especie que cada vez escasea más, me refiero a la de quienes decidieron quedarse cuando muchos otros optaron por buscar mejor suerte en otro lado.

Quizá ahí exista una lección para el propio PRI. Más allá de las estrategias, de las alianzas o de los discursos, los partidos sobreviven gracias a quienes permanecen cuando las cosas no marchan bien. Los triunfos atraen simpatizantes; las derrotas revelan quiénes realmente están dispuestos a sostener un proyecto político.

Por eso, cuando algunos insisten en decretar la muerte política del PRI, quizá deberían mirar hacia dentro de sus propias filas. Ahí siguen muchos militantes que nunca abandonaron el proyecto, que resistieron los peores momentos y que continúan trabajando sin hacer ruido. Entre ellos está Óscar Valdez.

Porque una cosa es subirse al barco cuando navega con el viento a favor, y otra muy distinta es permanecer a bordo cuando el mar se pone bravo y el agua empieza a llegar a los tobillos.

P.D. Nos vemos en la próxima entrega.

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *