Rubén Rocha Moya regresó a la gubernatura de Sinaloa, pero ocurrió algo todavía más importante que su regreso: nadie parece querer cargar políticamente con la decisión.
Ni el Gobierno federal. Ni Morena. Y Ricardo Monreal, uno de los políticos más experimentados del régimen, prácticamente le enseñó nuevamente la puerta de salida.
Curiosa bienvenida para quien asegura regresar “con la frente limpia y en alto”.
Rocha anunció su reincorporación después de 112 días de licencia asegurando que la Fiscalía General de la República no encontró “los mínimos elementos de prueba” para acreditar su participación en algún delito.
Y remató él mismo su absolución:
“O sea, no he cometido ningún delito”.
El problema es que mientras Rocha se declaraba políticamente reivindicado, desde la Ciudad de México comenzaron a caer cubetazos de agua fría.
La Secretaría de Gobernación emitió un comunicado cuidadosamente redactado donde estableció dos cosas que difícilmente pueden considerarse marginales: que el regreso de Rocha “responde exclusivamente a una determinación de carácter personal” y que la FGR mantiene abiertas las carpetas de investigación relacionadas con las diez personas señaladas por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, incluido el gobernador de Sinaloa.
Traducido del lenguaje burocrático al castellano común: usted decidió regresar; nosotros no lo regresamos y su asunto todavía no está cerrado.
Pero Morena no se quedó atrás porque le aventó una especie de estocada mortífera.
Citlalli Hernández dejó establecido que la reincorporación no fue consultada ni informada previamente a la dirigencia del partido, y agregó una frase que, colocada precisamente en este contexto, resulta políticamente demoledora:
“Nadie está por encima de la ley”.
¿Mensaje general o destinatario perfectamente identificable?
Pero Ricardo Monreal poniendo a la presidenta Sheinbaum en el centro de su mensaje fue más allá.
El coordinador de Morena en la Cámara de Diputados no solamente sostuvo que el regreso fue una decisión individual. Se le fue al cuello: pidió públicamente a Rocha reconsiderar su decisión y solicitar nuevamente licencia, para permitir que la Fiscalía concluya las investigaciones. ¡Zaz!
Entonces de la sorpresa del regreso surgen las revelaciones inesperadas.
Rocha regresa, pero Gobernación aclara que no lo mandó regresar.
Rocha regresa, pero Morena dice que ni siquiera fue consultado.
Rocha regresa, pero uno de los principales operadores políticos del régimen le recomienda que reconsidere… y prácticamente vuelva a irse. Sorry, pero por acá está la puerta de salida.
¿Entonces quién le dijo que regresara o era conveniente hacerlo? ¿Lo alertó la detención de Fausto Corrales Rodríguez? Algo debió saber como para, de pronto, recuperar el fuero y todo lo que representa volver a ser gobernador constitucional en funciones.
A sabiendas también de que existe un enorme elefante sentado en medio del despacho al que volvió: Estados Unidos.
Las acusaciones que provocaron su salida no surgieron de la oposición mexicana, de algún periodista incómodo ni de una disputa interna de Morena. Procedieron del Departamento de Justicia estadounidense, no de una “oficinita”.
Y mientras Rocha asegura que todo forma parte de una conspiración de la “ultraderecha nacional y extranjera”, Washington no ha retirado públicamente sus señalamientos.
Ese detalle cambia todo.
Porque la verdadera partida de Rocha no se juega solamente en Culiacán o en Palacio Nacional, sino de manera importante en Washington.
Y eso podría explicar la extraordinaria rapidez con que el poder central decidió marcar distancia: Gobernación se deslinda; Morena se deslinda y Monreal, además de deslindarse, le recomienda regresar a donde estaba.
A la licencia.
Hay momentos en política donde las palabras importan..Y otros donde importan mucho más las distancias.
El régimen tomó distancia de Rubén Rocha Moya con una velocidad pocas veces vista.
Por eso su regreso, lejos de cerrar el expediente, puede haber abierto uno políticamente mucho más peligroso.
Por eso volvió prácticamente solo, con los suyos guardando la distancia, lejos de él ¿para protegerse de quién?

