SILENCIO A TODO VOLUMEN CHISPAZO/Felipe Guerrero Bojórquez

SILENCIO A TODO VOLUMEN CHISPAZO/Felipe Guerrero Bojórquez

Hay silencios que dicen más que un discurso. Y el de la oposición mexicana, en estos meses, retumba con una fuerza ensordecedora.

Mientras Morena ha convertido sus procesos internos en una intensa campaña de movilización política, inundando calles, colonias y plazas para hablar directamente con los ciudadanos, los partidos opositores parecen haber optado por el inmovilismo. No protestan con eficacia, no confrontan en el territorio y, peor aún, con su pasividad terminan legitimando el proceso que dicen cuestionar. 

Morena aprovecha la inclinación a su favor del Instituto Nacional Electoral y el Tribunal Electoral que, por lo mismo, han normalizado este tipo de ejercicios proselitistas, abiertos incluso a la población en general. Si esa interpretación es válida para el partido oficial, ¿qué impide que PRI, PAN, Movimiento Ciudadano o Somos México hagan exactamente lo mismo?

Es más, hasta la propia Presidente Claudia Sheinbaum, desde La Mañanera, al igual que su maestro López Obrador, abrió ya campaña abierta mostrando gráficas de encuestas y presumiendo que Morena ocupa los primeros lugares. Así de abierto todo, contra cualquier norma. No me vengan con que la ley es la Ley. Punto. ¿Y la oposición? 

Incluso, hasta se vuelve sospechoso que la oposición no impugne, pero dándoles el beneficio de la duda, tal vez lo haga consciente de que sería gastar tiempo y recursos en algo que difícilmente prosperará. Aún así, hay preguntas obligadas:  ¿por qué no salir a las calles? ¿Por qué no organizar sus propios recorridos, encuentros ciudadanos y procesos de acercamiento con la sociedad? Si el árbitro electoral considera que esas prácticas son legales para unos, tendría enormes dificultades para sostener que son ilegales para otros.

La pregunta es  de cajón: ¿qué detiene a la oposición? ¿El miedo a descubrir que la ciudadanía ya no la acompaña? ¿La incapacidad para movilizarse? ¿O algo más profundo?

Porque argumentos para cuestionar al régimen no les faltan. Seguridad, economía, salud, educación, corrupción, infraestructura… temas sobran. Lo que parece escasear es la voluntad de dar la batalla política donde hoy se libra: en las calles y frente a los ciudadanos. 

Y cuando un vacío de representación se prolonga demasiado, la propia sociedad busca llenarlo. No resulta extraño, entonces, que en redes sociales empiece a cobrar fuerza la idea del  Movimiento del Sombrero, impulsado desde la ciudadanía y no desde las cúpulas partidistas, a partir del asesinato de Carlos Manzo, entonces alcalde de Uruapan, y del apoyo  de la  gente a su viuda, Grecia Quiroz, no solo en Michoacán, sino en todo el país. 

Lo anterior demuestra que cuando los partidos dejan de representar, otros terminan ocupando ese espacio. El inmovilismo opositor solo admite dos interpretaciones. La primera: que algunas dirigencias nacionales hayan optado por la comodidad de los acuerdos políticos y el “dejar hacer, dejar pasar”. La segunda: que simplemente hayan perdido la capacidad de organización y movilización para competir con el aparato oficial.

En Sinaloa, por ejemplo, existen excepciones. Figuras como Paola Gárate y Mario Zamora mantienen presencia pública y actividad política, aunque con márgenes limitados por las propias dinámicas de sus partidos nacionales. Sin embargo, los esfuerzos individuales difícilmente sustituyen la ausencia de una estrategia opositora de alcance nacional aunque, en este caso, la movilidad particular y la influencia social de los personajes, rebasan a la estructura misma de su partido.

La coyuntura exige liderazgo, presencia y convicción. México atraviesa uno de los momentos más complejos de su vida pública y una parte importante de la sociedad busca quién interprete sus preocupaciones. 

Por eso, más que la propaganda del oficialismo, hoy sorprende el mutismo de quienes deberían enfrentarlo. Porque hay silencios que no precisamente parten de la prudencia, sino de la renuncia. Y el de la oposición, por ahora, está a todo volumen.

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