Una semana y se les movió todo

Una semana y se les movió todo

En cuestión de días se les volteó el tablero. Lo que parecía controlado se descompuso y lo que muchos juraban que no iba a pasar, pasó. La licencia del gobernador Rubén Rocha Moya no solo movió piezas, sacudió estructuras completas.
Y en medio de ese desorden apareció la nueva realidad. Hoy tomó protesta de manera interina Geraldine Bonilla, quien venía de ser diputada, de presidir la mesa directiva, de caminar dentro del propio sistema. Hoy es gobernadora. Así de rápido. Así de claro.
Y con eso, se abrieron todas las jugadas.
Porque mientras unos apenas estaban entendiendo qué estaba pasando, otros ya estaban haciendo cuentas. Se hablaba fuerte de Julio Berdegué, ex secretario de Agricultura. Pero también se decía algo muy sencillo, no es lo mismo agarrar año y medio que seis años completos. Y ahí es donde empieza el verdadero juego.
En los pasillos del Congreso desde temprano se soltaron los rumores. Si era Berdegué, había quienes ya daban por amarrada a Imelda Castro para la candidatura. Si era Geraldine, entonces el escenario cambiaba por completo y los amarres se movían hacia otro lado. Así, sin rodeos.
Y mientras eso pasaba, las caras largas no se podían esconder. Porque muchos entendieron en ese momento que la jugada de la licencia por más de 30 días no era cualquier cosa. No era trámite. Era movimiento serio. Era abrir la puerta al interinato sí o sí.
Y ahí es donde empiezan las preguntas que nadie quiere responder en público. Por qué más de 30 días y no lo mínimo que marca la ley. Será que sabían que no había regreso. Será que ya estaban armando defensa. O será que estamos viendo algo que va más allá de lo local.
Porque no es menor. No es cualquier escenario. No es común ver a un gobernador en funciones pedir licencia en este contexto.
Y mientras eso pasaba arriba, abajo también se movía todo. El caso de Juan de Dios Gánez Mendívil en el Cabildo fue otra señal. Ni siquiera se presentó. Mandó su licencia y se la aprobaron. Así, sin más. Cada quien tomando su distancia como puede.
Y aquí es donde empieza lo bueno. Porque a muchos se les cayó el plan completo. Había quienes ya se veían brincando de la diputación a la alcaldía. Otros ya tenían amarradas posiciones. Y de repente, todo en el aire. A varios no solo se les cayó la candidatura, se les puede caer hasta la chamba si no llega su gente.
Pero no todo fue Morena. Del otro lado también hubo espectáculo.
Ahí tienes a Paloma Sánchez, gritando, riéndose, celebrando como si estuviera en el mercado. “Por fin, por fin”, decía. Y uno esperando otra cosa. Un poco de seriedad, de altura, de entender el momento. Pero no, puro ruido.
En contraste, Mario Zamora salió con una postura más sobria, más en su papel. Lo mínimo que se espera de un legislador federal.
Y del lado de Morena, el silencio empezó a pesar. Porque el discurso se les cayó en automático.
Ahí está Teresa Guerra Ochoa. Ayer retaba, aseguraba que el documento estaba mal, que no iba a pasar nada. Hoy sale y dice que es sólido, que es legal, que es fuerte. En menos de 24 horas cambió todo. Así de rápido se les cayó la narrativa.
Y eso es lo que dejó la licencia. Mató discursos, mató certezas, se llevó entre las patas candidaturas y dejó exhibidos a muchos.
Porque también hay que decirlo claro. Muchos hoy andan negando el rochismo. Hace días gritaban que eran rochistas, que estaban firmes, que no se rajaban. Hoy callan. Hoy se esconden. Hoy buscan para dónde moverse.
La lealtad se les fue en el lomo de una liebre.
Y no solo eso. Ahora los ves buscando a quién acercarse, a quién saludar, a quién reconocer. Preparándose para el siguiente jefe, como si nada hubiera pasado.
Mientras tanto, el tema ya no es solo Sinaloa. Esto ya huele a algo más grande. Muchos están convencidos de que esto no es ni la mitad de lo que se mueve del lado de los gringos. Y otros lo leen distinto, como un manotazo interno, como un ajuste desde arriba.
Ahí aparecen nombres grandes como Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador, porque esto ya no es solo un tema estatal.
La moneda está en el aire.
Y mientras tanto, unos se sienten intocables, otros se creen salvados y otros simplemente están esperando a ver a quién le besan la mano.
Pero hay algo que no cambia.
La gente vio quién estaba…
y está viendo quién ya no está.
Y eso, tarde o temprano, pasa factura.

DesdeLaCochera

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