Hay estados donde la política cambia cada tres años.
En Sinaloa cambia cada tres días.
Ya no sabemos si estamos viendo un gobierno constitucional o una temporada nueva de “Interinos por Siempre”.
Resulta que los tres municipios más importantes del estado y hasta la propia gubernatura están viviendo entre licencias, sustituciones, encargados y autoridades provisionales. Parece que en Morena ya descubrieron una nueva forma de gobernar: poner el letrero de “vuelvo enseguida” en la puerta de las oficinas públicas.
En Ahome, la salida de Gerardo Vargas Landeros terminó dejando un gobierno encabezado por otra persona después de todo el escándalo político y jurídico que todos conocemos.
En Culiacán, Juan de Dios Gámez pidió licencia en medio de las investigaciones y de las acusaciones que han sacudido al municipio, dejando también una administración interina.
Y apenas ayer, Mazatlán se sumó oficialmente a la lista con la licencia solicitada por Estrella Palacios. Otro relevo. Otra silla vacía. Otro cambio de mando.
Como si eso no fuera suficiente, arriba de todos ellos también hay una gobernadora interina.
Sí… interina.
Y aquí viene la pregunta que muchos hacen en voz baja y pocos se atreven a decir fuerte.
¿Dónde está la gobernadora?
Porque una cosa es ser interina y otra muy distinta gobernar como si también fuera invisible.
La gente espera liderazgo, presencia, decisiones, recorridos, conferencias y rumbo. No silencio.
No faltará quien diga que está trabajando. Ojalá. Porque políticamente pareciera que alguien debería emitir una Alerta Amber.
“Se busca gobernadora interina. Última vez vista tomando protesta.”
Porque mientras los problemas del estado siguen creciendo, la percepción ciudadana es que el vacío también crece.
Y mientras tanto Morena parece estar jugando al famoso juego de las sillas.
Cuando la música para, uno pide licencia.
Otro se registra.
Otro desaparece.
Otro protesta.
Otro se va.
Y otro queda encargado.
Al rato ya no vamos a elegir presidentes municipales. Vamos a elegir al que deja encargado al encargado del encargado.
Lo más curioso es que todavía hay quien dice que todo marcha con normalidad.
¿Normalidad?
¿En serio?
Normal sería que quien pidió el voto fuera quien gobernara el periodo para el que fue electo.
Normal sería que la gente supiera perfectamente quién toma las decisiones.
Normal sería que las prioridades fueran resolver la inseguridad, los servicios públicos, la economía y la incertidumbre que vive Sinaloa.
Pero no.
Aquí parece que la prioridad es acomodar piezas para la siguiente elección.
Porque da la impresión de que la administración pública pasó a segundo término y la grilla política ocupa las veinticuatro horas del día.
Y mientras ellos acomodan candidaturas, sustitutos, licencias y estrategias, la ciudadanía sigue esperando respuestas.
Los comerciantes siguen batallando.
Los empresarios siguen con incertidumbre.
Las familias siguen viviendo con miedo.
Los municipios siguen llenos de problemas.
Pero eso sí… los movimientos políticos no descansan ni los fines de semana.
La gran pregunta ya no es quién gobierna.
La verdadera pregunta es quién está tomando realmente las decisiones.
Porque los ciudadanos votaron por gobernadores y alcaldes, no por una colección de interinos que poco a poco fueron apareciendo como los actores de reemplazo cuando el elenco principal abandonó el escenario.
Y cuidado.
Porque cuando un gobierno se acostumbra a las ausencias, también la ciudadanía termina acostumbrándose a dejar de esperar resultados.
Sinaloa merece gobiernos de tiempo completo, no administraciones en calidad de préstamo.
Porque una licencia puede ser legal.
Una sustitución puede ser constitucional.
Pero gobernar con la sensación permanente de provisionalidad termina convirtiéndose en la peor definición de estabilidad.
Todo esto según yo, El Goyo 310.

