En política las encuestas dejaron de ser, desde hace tiempo, simples instrumentos para medir la opinión pública. Hoy son utilizadas como herramientas para construir percepciones, impulsar candidaturas, desanimar adversarios y tratar de influir en la intención del voto. En México, lamentablemente, muchas empresas encuestadoras han terminado por prostituir su función al poner sus números al servicio de intereses políticos y económicos.
La sucesión gubernamental de 2027 en Sinaloa no es la excepción. Apenas Morena emitió la convocatoria para seleccionar a quienes encabezarán las candidaturas a gobernador en las 17 entidades que renovarán el Poder Ejecutivo estatal, comenzó una verdadera guerra de encuestas. Cada grupo político busca posicionar a sus aspirantes y demostrar, con estudios demoscópicos, que cuenta con el respaldo ciudadano.
Lo curioso es que algunos personajes que hasta hace apenas unas semanas ni siquiera habían expresado públicamente su intención de competir, hoy aparecen ocupando posiciones privilegiadas en diversas mediciones. Más que un crecimiento espontáneo, pareciera el resultado de una estrategia cuidadosamente diseñada.
La encuesta de Demoscopia Digital, levantada del 26 al 29 de junio —justo cuando se desarrollaba el registro de aspirantes—, coloca en tercero, cuarto y quinto lugar a Rodolfo Valenzuela, Estrella Palacios y Omar López, todos identificados con el grupo político cercano al gobernador con licencia.
Sin embargo, llama aún más la atención la ausencia de dos actores con amplia trayectoria y presencia en todo el estado: Gerardo Vargas Landeros y Graciela Domínguez. Ambos han recorrido durante buen tiempo el territorio sinaloense y han manifestado públicamente su interés por competir por la candidatura. Resulta difícil explicar que perfiles con ese nivel de conocimiento desaparezcan de una medición mientras otros, prácticamente desconocidos para buena parte de la población hasta hace poco, irrumpen en los primeros lugares.
Otro dato que merece análisis es el supuesto empate técnico entre Imelda Castro y Teresa Guerra. Nadie puede desconocer la trayectoria política y social de Tere Guerra, quien durante años ha militado en las causas de la izquierda. No obstante, también es evidente que hoy forma parte del grupo político que conserva el control del gobierno estatal, circunstancia que inevitablemente influye en la lectura política de estos ejercicios.
La encuesta de CE Research, realizada el 5 de julio, modifica ligeramente el orden de algunos aspirantes, pero mantiene la misma narrativa: Imelda Castro y Teresa Guerra prácticamente empatadas; Estrella Palacios entre las mejor posicionadas; Rodolfo Valenzuela dentro de los primeros lugares y, nuevamente, la exclusión de Gerardo Vargas Landeros y Graciela Domínguez.
Cuando dos encuestas distintas presentan coincidencias tan precisas en los perfiles que favorecen y en los que excluyen, las dudas son inevitables. Más aún cuando los beneficiados pertenecen al mismo grupo político.
Todo indica que el llamado grupo rochista busca mantenerse vigente en la negociación interna de Morena. Quizá la apuesta no sea únicamente la candidatura al gobierno estatal. También estarán en juego las diputaciones federales, las presidencias municipales y las diputaciones locales, espacios que definirán el equilibrio del poder en Sinaloa durante el próximo sexenio.
Aunque ese grupo enfrenta un escenario político más complejo que hace algunos años, sigue controlando importantes estructuras de gobierno y, como cualquier fuerza política, está utilizando todas las herramientas a su alcance para conservar influencia en la sucesión de 2027.
Habrá que esperar las encuestas oficiales de Morena, que finalmente serán las que definan a la sexteta de aspirantes y, posteriormente, a quien encabezará la candidatura de la coalición Morena-Partido Verde-PT.
Mientras tanto, la guerra de las encuestas apenas comienza. Y como ocurre con frecuencia en la política mexicana, muchas de ellas parecen buscar más moldear la opinión pública que retratarla.
Porque las encuestas pueden construir expectativas, pero nunca sustituyen la voluntad de los ciudadanos ni el resultado final de una contienda. Al tiempo.

