Las lealtades en el lomo de una liebre

Las lealtades en el lomo de una liebre

La política sinaloense tiene algo muy particular. Aquí muchos no militan por convicción, militan por presupuesto. Mientras hay poder, cargos, camionetas, cafés en oficinas refrigeradas y fotos en primera fila, sobran los “amigos”, los “hermanos” y los “somos un gran equipo”. Pero apenas aparece la tormenta, las lealtades salen huyendo más rápido que chisme de WhatsApp en grupo de gobierno.

Y eso es exactamente lo que estamos viendo ahorita.

Muchos de los que hace apenas unos meses gritaban orgullosos que eran rochistas, que defendían el proyecto, que presumían cercanía, que casi tatuaban el apellido Rocha en la frente, hoy parecen andar en campaña de desintoxicación política. Ahora resulta que nunca fueron tan cercanos, que no sabían nada, que ellos siempre “han trabajado institucionalmente”. Cómo cambian los discursos cuando el clima se pone feo.

Porque una cosa hay que decirla clara. Si Rubén Rocha Moya tiene problemas legales, políticos o cualquier señalamiento, le toca enfrentarlos a él. Ahí no hay mucho qué discutir. Cada quien debe hacerse responsable de sus actos y responder donde tenga que responder. Así de sencillo.

Pero otra cosa muy distinta es el espectáculo tan vergonzoso de ver cómo tantos salen corriendo a negar hasta la foto. Ahí es donde la política enseña su lado más miserable.

Da pena ajena escuchar a personajes que vivieron años enteros pegados al poder hoy hablando como si apenas hubieran coincidido una vez en un elevador. Gente que consiguió cargos, candidaturas, contratos, posiciones y reflectores gracias al grupo político que hoy intentan borrar con jabón Roma.

Y no es defensa. Tampoco romanticismo político. Es simplemente tener tantita dignidad. Porque si ayer presumías lealtad, hoy mínimo deberías tener la decencia de no actuar como si te hubieran secuestrado para apoyarlo.

Pero así funciona mucha de la clase política. Son leales mientras el barco tenga música, whisky y cámaras. Cuando empiezan las filtraciones de agua, brincan al primer salvavidas aunque tengan que pisarle las manos al que antes llamaban “jefe”.

Lo más curioso es ver cómo algunos intentan reinventarse de un día para otro. Ahora son independientes, críticos, prudentes y hasta “demócratas de toda la vida”. Les faltó decir que siempre estuvieron infiltrados nomás para estudiar el sistema desde adentro.

Y mientras todo eso pasa, la ciudadanía observando el mismo espectáculo de siempre. Políticos jurándose amor eterno un sexenio y desconociéndose al siguiente como ex tóxico después de una pelea en Facebook.

Porque en Sinaloa la lealtad política dura menos que una patrulla con gasolina.

Hoy muchos no saben cómo quitarse la marca de “rochista” porque durante años hicieron hasta lo imposible para que esa marca se les notara. La presumían, la defendían y hasta la usaban como llave para abrir puertas. El problema es que cuando uno se cuelga del poder para subir, también debe asumir el costo cuando ese poder se tambalea.

Y ahí es donde varios están quedando exhibidos. No por apoyar a Rocha. Sino por la velocidad olímpica con la que ahora quieren fingir que jamás estuvieron ahí.

Porque una cosa es tomar distancia política y otra muy distinta es convertirse en Judas con credencial de elector.

#DesdeLaCochera

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