Ayer otra vez Sinaloa andaba en las planas nacionales.
Pero esta vez no fue por violencia.
No fue por política.
No fue por funcionarios tratando de apagar incendios.
No fue por pleitos.
No fue por escándalos.
No fue por otro desastre haciendo que medio país hablara mal del estado.
Y nomás por eso ya era noticia.
Porque últimamente pareciera que el nombre de Sinaloa ya nomás sale en medios nacionales e internacionales cuando hay bronca.
Prendes la tele y ahí está Sinaloa.
Abres redes y ahí está Sinaloa.
Lees portales nacionales y ahí está Sinaloa.
Pero casi siempre ligado al miedo, al caos, a la crisis o a la política desgastada que todos los días sigue hundiendo más la imagen del estado.
Y la neta sí cansa.
Cansa que afuera nos volteen a ver como si aquí puro existiera violencia y escándalo.
Cansa que pareciera que Sinaloa solamente produce problemas.
Cansa que muchas veces sean los mismos políticos los que terminan haciendo quedar mal al estado con pleitos, declaraciones, filtraciones y puro control de daños.
Por eso lo de Joel Huiqui pegó tan duro.
Porque ayer, por fin, Sinaloa apareció en las noticias nacionales por algo chingón.
Y no es poca cosa.
Joel Huiqui salió campeón con Cruz Azul y de paso hizo historia. Llegó como técnico interino, con medio mundo dudando de él, y terminó levantando el campeonato en apenas siete partidos.
Pero lo más fregón no fue solamente el título.
Fue el significado.
Porque mientras muchos traen a Sinaloa en la conversación nacional por pura desgracia, Huiqui puso al estado en boca de todos por orgullo.
Y eso ya hacía muchísima falta.
Porque seamos sinceros… ya estábamos hasta la madre de compartir puras noticias que dieran coraje.
Que si operativos.
Que si violencia.
Que si políticos peleados.
Que si funcionarios tratando de justificarse.
Que si otro escándalo nacional.
Que si el estado convertido otra vez en tendencia por algo malo.
Y ayer no.
Ayer la conversación fue distinta.
Ayer un plebe de Los Mochis puso a Sinaloa en lo más alto del futbol mexicano.
Y eso sí emociona.
Porque además Joel Huiqui representa mucho de lo que es el sinaloense que sí chinga por salir adelante.
Sin hacer tanto ruido.
Sin andar vendiéndose.
Sin ocupar reflectores diarios.
Sin campañas para verse “cercano a la gente”.
El vato simplemente hizo su trabajo… y lo hizo tan bien que terminó siendo campeón.
Imagínense el tamaño de eso.
Aquí hay políticos que tienen años completos en cargos públicos, con millones de presupuesto, equipos enteros de comunicación, asesores, operadores y estrategias para mejorar la percepción del estado… y aun así todos los días Sinaloa sigue apareciendo en noticias nacionales por puro problema.
Pero llegó Joel Huiqui, agarró un equipo bajo presión y en unas semanas hizo que el país hablara bien de Sinaloa.
Así de fuerte está el contraste.
Porque sí hay que decirlo como es.
Hoy la política sinaloense genera más desgaste que orgullo.
Todos los días hay alguien tratando de deslindarse.
Todos los días hay alguien tratando de justificar algo.
Todos los días hay funcionarios peleando narrativas.
Todos los días hay crisis.
Y mientras todo eso pasa, un sinaloense callado terminó haciendo más por la imagen del estado en una noche que muchos políticos en años enteros.
Eso también se tiene que decir.
Porque luego parece que en Sinaloa solamente existen las malas noticias y no.
Aquí también hay historias de disciplina.
Aquí también hay gente que triunfa.
Aquí también hay sinaloenses que hacen que el país nos vea con admiración y no con miedo.
Y quizá eso fue lo más bonito de ayer.
Que por unas horas la gente compartió una noticia de Sinaloa con orgullo.
Sin pena.
Sin coraje.
Sin tener que defender nada.
Nomás diciendo:
“Miren… un sinaloense salió campeón.”
Y sí, yo soy águila, puro América… pero cuando se trata de dar buenas noticias de Sinaloa, arriba el Cruz Azul.
Y la neta, ya hacía muchísima falta una noticia así.
Desde la cochera.

